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EL SANTO NIÑO DE GAUCÍN.
Por Monseñor Giovanni
Lanzafame

Andalucía,
su arte y su piedad, han desempeñado durante siglos
un papel trascendental en el cultivo y evolución de
distintos modelos e iconografías religiosas. Entre
ellas, entre las más destacadas, sobresale la iconografía
del Niño Jesús, como figura exenta, individualizada,
única..., que se generaliza como tema iconográfico
a partir del Bajo Renacimiento, proyectándose de manera
muy especial hacia el barroco.
La
pintura y la escultura de nuestra región abordaron
con tanta intensidad y acierto las representaciones del Niño
Jesús, las trabajaron con tal maestría, que
éste es, sin duda alguna, uno de los temas más
logrados de la plástica andaluza. No es, sino la materialización
plástica de un intenso fervor continuado durante siglos
y el arraigo que tuvo en estas tierras especialmente sensibles
a la delicadeza, el sentimiento y lo melancólico de
estos temas infantiles.
La iconografía del Niño Jesús en Andalucía
y más concretamente a partir de sus dos focos artísticos
principales, Sevilla y Granada, y sus diferentes escuelas
y maestros, pone de manifiesto, a través de múltiples
ejemplos en pintura y escultura, el papel de vanguardia en
esa nueva devoción con claras raíces en el franciscanismo
medieval y que adquirió verdadera dimensión
en pleno periodo contrarreformista.
En Granada, la devoción hacia la infancia de Jesús
debió de ser bastante temprana, si bien las noticias
sobre sus orígenes se pierden en la oscuridad de los
tiempos, al igual que sucede con su culto en la Iglesia Universal.
Su propia escuela artística, que tanto aportó
a la plástica cristiana contrarreformista fue también
creadora de ricos e interesantes modelos infantiles que posteriormente
se difundieron por toda hispano-américa.
Dentro
de su provincia brilla con luz propia la noble villa de Gaucín,
una ciudad cuya historia ha estado estrechamente ligada a
la intensa devoción hacia su Santo Niño; una
imagen de Jesús en su infancia que representa a aquel
Niño descalzo que en agosto del año 1536 se
le apareció a un hombre sencillo, a un librero ambulante,
para marcar un punto de inflexión en su vida. Un buen
hombre que más tarde fundaría la Orden Hospitalaria
que lleva su nombre.
Un buen hombre que como a otros muchos, cambió su vida
el Santo Niño: San Juan de Dios.
Según cuentan las crónicas, en el año
1540 Juan Ciudad o Juan de Dios, después de fundar
un hospital para pobres en Granada, volvió de nuevo
a Gaucín secretamente para dejar en su castillo una
escultura del Niño Dios. Desde entonces hasta hoy han
sido muchas las vicisitudes por las que han habido de pasar
los moradores de esta villa. Incluso han sido varias las imágenes
que han ocupado en Gaucín el lugar de esa imagen originaria
del Niño Dios, pero su devoción sigue inquebrantable,
sólida como esa roca fuerte que le dio nombre a este
pueblo en tiempos de dominación musulmana.
La vitalidad existente durante los siglos pasados en toda
la diócesis granadina en torno a la devoción
hacia el Niño Jesús, y la especial circunstancia
de la aparición al Santo hospitalario del Niño
Jesús en su término, han sido dos condicionantes
vitales para que se haya gestado en Gaucín una especial
predilección hacia Jesús en sus primeros años;
una predilección que se hace patente en las continuadas
visitas de los gaucinenses al castillo para visitar al Santo
Niño, para rezar y pedir favores a su Patrón.
Además, son varios los cultos que cada año tributa
este pueblo a su Protector de manera multitudinaria.
El último Domingo de agosto, se realiza una romería
en la cual procesiona el Santo Niño hasta el lugar
del encuentro o Adelfilla,
donde está situada la Ermita
de la Aparición. De igual modo, cada 7 de septiembre
se bajan en procesión las imágenes del Santo
Niño y de San Juan de Dios desde la fortaleza del Castillo
del Águila hasta el templo Parroquial de San Sebastián,
donde se le tributan cultos en su honor la jornada siguiente,
el día grande por excelencia de la villa.
La imagen del Niño Dios de Gaucín, desde el
punto de vista iconográfico, encarna a un Niño
Jesús resucitado y triunfante, en una composición
alegórica que representa el Triunfo de Jesús
sobre la muerte. Presenta larga túnica ricamente bordada
en oro y corona imperial que ciñe sus sienes. Con la
mano derecha bendice al fiel, mientras con el brazo izquierdo
sostiene el banderín triunfal ofreciendo sobre la palma
de su mano el que es su atributo característico: la
Granada coronada por la Cruz.
Éste es por derecho propio su elemento iconológico
distintivo, un atributo de insólita aplicación
a imágenes exentas del Niño Jesús, que,
por el contrario, si llegó a aplicarse a imágenes
marianas: la Granada, como manifestamos anteriormente, rematada
además por una cruz.
Representa a aquella otra granada que el Niño Jesús
ofreció a Juan Ciudad en su aparición, cuando
le dijo: "te
llamarás Juan de Dios y Granada será tu cruz".
Pero además, este atributo tiene en la simbología
cristiana un fuerte contenido figurado. La Granada es símbolo
de la reconquista y unidad cristiana frente a los infieles;
relacionada también mas física que simbólicamente
con la sfera mundi,
la cual, ordinariamente de pequeño tamaño, abrazada
por sus bandas y coronada por una pequeña cruz, presentan
muchas imágenes del Niño Jesús en clara
alusión a la proyección universal del acto redento.
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Este modelo, del Niño Jesús triunfante, que
se dio con mayor frecuencia durante los siglos XVII y XVIII,
parece que tuvo su principio en el siglo XIV, pues aparece
en monasterios femeninos de Alemania noticias sobre una variante
de imagen de Jesús Triunfante en pie, aislado, independiente
de las tradicionales composiciones formadas por el Niño
con la Virgen o Santos, de comienzos de este siglo. Es un
tema bastante recurrente en el arte cristiano que hay quien
interpreta como proclama de su Triunfo, entendiéndose
que representa a Jesús después de la Resurrección.
Por el contrario, otros lo entienden como la promesa del mismo,
concibiéndose al Niño Triunfante no como la
representación de Cristo ya resucitado sino como la
imagen triunfal de Jesús durante su etapa infantil,
como premonición de su victoria.
Resucitado y Triunfante. Así se venera al Santo Niño
de Gaucín después de casi quinientos años
de incesante y sincera devoción, después de
casi quinientos años de generosa y celestial protección.
Bibliografía.-
.- FERNÁNDEZ
GARCIA, Ricardo: "Aspectos
de la iconografía barroca andaluza del Niño
Jesús", en El Barroco en Andalucía. Córdoba
1986. pp. 93-98.
.- HENARES PAQUE, Vicente:
"Las imágenes
exentas del Niño Jesús en Andalucía.
Aspectos iconográficos". En elaboración.
.- MARTINEZ MEDINA, Francisco
Javier: "Cultura
religiosa en la granada renacentista y barroca". Granada
1989.
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