Gaucin
Presentación
 
 


Presentación ( Ampliación)

Teodoro de Molina

Hace unos años, afirmábamos en la presentación de un libro sobre Gaucín (1) que el ser gaucineño se había caracterizado siempre por hacer una defensa férrea de lo propio y autóctono. Pero, continuábamos manifestando, que de un tiempo a esta parte se había invertido la posición, pasando, en algo más de un centenar de años, a perder capacidad de creación y desarrollo para entrar en una etapa de pasividad conformista que concluyó con pérdidas esenciales en la vida social cultural y política de nuestro pueblo.

Acontecimientos que dieron lugar a la retirada de la guarnición militar del castillo, cuando él poder militar lo significaba todo en la España de la época; la perdida del poder religioso con la salida de los carmelitas, habiéndonos dejado éstos, un monumento - El Convento - que no supimos mantener en su integridad como monumento histórico-artístico; la oportunidad perdida de engancharnos al progreso que suponía el ferrocarril; el cierre de la sede judicial y administrativa de la comarca, perdiendo con ello la ilustración que, el acercamiento a los hombres de leyes y a las formas más refinadas llegadas de la capital del reino, añadían a la conducta y cultura de nuestro pueblo, etc.

Continuábamos enumerando pérdidas, como la de nuestros archivos, fábricas y alambiques, viñas y bodegas, comercios y artesanos, posadas y fondas y la pérdida más significativa e importante para la comunidad: el contingente de gaucineños que tuvo que emigrar a las zonas más dinámicas del Estado en busca de mejores condiciones de vida para sí y los suyos.
Pues bien, esto último se produjo hace tan solo cuarenta años, concretamente para los que elaboramos esta publicación, tan solo treinta y tres desde que partimos en busca de nuevos horizontes. Treinta y tres años parecen nada, pero para los que tuvimos que marcharnos significan mucho tiempo; demasiado tiempo en la vida de los seres humanos. El tiempo que la historia ha marcado como recorrido para el personaje más influyente de la Occidentalidad. Treinta y tres años es media vida, aunque para Jesucristo fuera la vida misma.

Observamos la hora que marcaba el viejo reloj de la plaza. La hora de partida para los más de dos mil convecinos de nuestro pueblo que se instalaron en otras latitudes. La hora para vivir otros momentos y seguir recordando los de siempre: los del "Corral del Concejo"; del salón Antonio Molina; de la "Orquesta SORO"; del "Anís Andresín"; del pasodoble "La Línea." o del "Niña Isabel ten cuidado que en el amor hay pecado......."

Momentos y recuerdo que han servido de estímulo para realizar ésta humilde publicación, moderna y asequible, pergueñada sobre la base de aquellos instantes de afecto, de cariño, de rebeldía. En definitiva de sentimientos y recuerdos. De los recuerdos de la tierra que nos vio crecer, y de aquellos que forjaron en nosotros una manera de ver la vida y aceptarla con optimismo.
Con aquel espíritu, intentamos, hoy, recoger todo lo que de una u otra forma haya constituido el devenir de nuestra historia; costumbres y tradiciones; hechos y leyendas; personajes, paisajes, etc. No pretendemos hacer una página de actualidad diaria. Queremos construir basándonos en el pasado. Conociendo lo hecho hasta ahora, para mantener viva nuestra memoria. Para reconocernos a nosotros mismos y dar a conocer a nuestros jóvenes la historia de sus gentes.
Este momento de presentación de la web, nos ha hecho recordar al más ilustre e insigne gaucineño: Don Francisco Cañamaque Jimenez. Rememoremos lo que escribió en la presentación de "Los Oradores de 1869":


---Tengo la manía incorregible de dedicar a alguien mis pobres libros. El presente, por consecuencia, no ha de ser menos que sus hermanos. Pero, ¿a quien se lo dedico?... A las Cortes. Parece lo más lógico y como que se cae de su peso.
Asáltame, sin embargo una duda.
Las Cortes las constituyen el Senado y el Congreso reunidos. ¿A que lado me inclino? Lo echaré a la suerte para evitarme preferencia enojosas. ...Tócale al Congreso.
A él, pues, se lo dedico, y en su representación al digno Presidente, D. ADELARDO LOPEZ DE AYALA---.

Sirva, pues, esta costumbre suya, para que hagamos una dedicatoria en el día de publicación de esta ventana cibernética, en la que tratamos de recoger lo bueno que tiene nuestra tierra, así como para que sirva de vehículo de comunicación a los gaucineños y amigos, estén dentro o fuera de su término.
Pero, ¿a quién se la dedicamos?

Muchas son las personas y muchos los motivos que merecerían esta dedicatoria. Pero hemos optado por dedicarla a la memoria de Don FRANCISCO CAÑAMAQUE JIMENEZ. Parece lo más lógico y como que se cae de su peso. Con ello queremos honrar al hombre, al político, al literato, al crítico, al periodista, al gestor público. En todas estas facetas de su vida brilló por reconocer los méritos de sus adversarios ideológicos cuando las cosas bien hechas estaban.
En un reciente estudio (2) se ha dicho de Cañamaque:


" Lo que le importaba, en sus figuras, bustos y perfiles es la sustancia. A este fin lo sacrificó todo: amistad, pasión política, pretensiones literarias, quizá provechosas conveniencias personales. Escribió por todo y para todos. Sus juicios están guiados por una escrupulosa imparcialidad, aunque no por una neutralidad ideológica. En cuanto a su pensamiento no era neutral, porque no hay pensamientos neutrales".

El propio D. Francisco se retrató así (3): "Público es que soy liberal, que tengo culto fervoroso, profundo, por el espíritu imperecedero de la Revolución de Septiembre; de aquella Revolución que vive y vivirá porque está en las leyes, en las costumbres, en los hombres, en cuanto vemos y nos rodea. Fecunda como las inundaciones del Nilo, toda la tierra española está empapada de su esencia. Los mismos que la condenan no pueden menos de rendirse ante la realidad de frutos y florecimientos que sin ella no existirían. Todo lo que hay es fruto de la Revolución. Borradla de la historia, y hasta lo más alto viene al suelo".
Así era la catadura moral de Francisco Cañamaque, liberal, capaz de rehusar la Intendencia General de Puerto Rico y el Gobierno Civil de Filipinas.
Sirva, pues, esta dedicatoria como humilde aportación en el rescate de su memoria y de profunda admiración con su pensamiento.

Pero si empezamos este prologo mencionando la languidez que Gaucín soportó durante años, no sería justo ni objetivo que termináramos sin hacer referencia a la actividad y nuevos proyectos en que sus habitantes están inmersos. Es evidente que durante la última década se ha invertido la tendencia, y hoy se respira un ambiente más fresco, más participativo y de mayor enjundia creativa, lo que hace concebir esperanzas sobre un futuro mejor para todos.

Notas Bibliográficas:
1. - Prólogo de GAUCIN "Gastronomía Popular". COCOA S.C.A. San Pedro de Alcántara.1995. 2. - Carlos Luis Álvarez (CÁNDIDO). Columnista del periódico ABC. Redactor jefe de la revista INDICE, fundador de HERMANO LOBO, último director de LA CODORNIZ. 3. - CAÑAMAQUE JIMENEZ Francisco. Los Oradores de 1869. Madrid 1879.