En el alto Genal, en plena serranía de Ronda, se extiende la ruta de los castaños
La Opinión de Málaga 3 Julio de 2003. Blas Gil. Ronda

Perderse entre los castaños
En una única jornada se pueden recorrer los municipios de Cartajima, Faraján, Igualeja, Júzcar, Parauta y Pujerra y disfrutar de las tonalidades y paisajes caprichosos que ofrecen estos parajes de la Serranía de Ronda

El castaño, junto con el pinsapo, es uno de los elementos que mejor identifican a la Serranía de Ronda y, más concretamente, al Valle del Genal.

Por ello, un paseo por estos parajes, que se agrupan en la denominada 'Ruta de los Castaños´ y que recorre varios pueblos de la zona, puede suponer una aventura inolvidable para el viajero que decida adentrarse es sus frondosos caminos.

Situado al Este, entre Ronda y la Costa del Sol, en un lugar apartado de las vías de comunicación más concurridas, se levanta el Alto Genal, donde, según la época del año, su colonia de castaños ofrecerá una tonalidad distinta e irrepetible.

El viaje comenzará en Ronda, donde después de desayunar, iniciará el camino hacia Alpandeire, Cartajima, Faraján, Igualeja, Júzcar, Parauta y Pujerra, poblaciones serranas que pueden presumir de sus castaños, que confieren al paisaje, sobre todo al final del otoño, una textura y un color muy extraño, realmente llamativo.
Desde el coche o a pie se podrán ir contemplando por el camino pequeños huertos, pero de excelentes frutos.

Una carretera estrecha y llena de curvas sirve para comunicar estos pueblos entre sí y con el exterior. Entre Alpandeire y Pujerra, los situados en los extremos, hay unos 25 kilómetros y se precisa media jornada para completar la ruta, deteniéndose en los lugares más interesantes.
Lo más recomendable, no obstante, es dedicarle por lo menos un día y realizar pequeñas excursiones en coche o a pie por los diferentes carriles y senderos que atraviesan la zona y que conocen bien sus vecinos, quienes, por su singular carácter hospitalario, siempre estarán dispuestos a orientar al viajero.

Si iniciamos el recorrido en la desviación de la carretera Ronda-Algeciras, el primer pueblo con que nos encontramos es Alpandeire, patria chica de Fray Leopoldo, que cuenta con un monumento dedicado a este religioso a la salida de la población. También llama la atención la iglesia, que por sus grandes dimensiones es conocida en la zona como 'La catedral de la Serranía.

FotoDespués de Alpandeire, el itinerario nos va a llevar a Faraján, Júzcar, Cartajima y Parauta y, al final, a más distancia, tras recorrer unos metros por la carretera Ronda-San Pedro Alcántara, a Igualeja y Pujerra.
La carretera va trazando una línea divisoria en las montañas: por encima deja un terreno pelado y grisáceo, y justo montaña abajo, rica vegetación en torno al río Genal, donde da sus primeros pasos. En este lugar proliferan los huertos, olivos y, por supuesto, los castaños.

En Cartajima hay restos de un castillo árabe que se pueden observar desde la misma carretera. Por otra parte, Parauta es famosa por su alfombras artesanales y por haberse convertido recientemente en el primer pueblo ecológico de la provincia, así como por, no podía ser menos, sus dulces de castañas.
Además, si al viajero le ha gustado la jornada y desea permanecer más tiempo en el Alto Genal, en la mayoría de las poblaciones existen hoteles y casas rurales para pasar cómodamente la noche.

El nacimiento del río Genal, un espectáculo único para la vista
Foto Diario Sur
foto - Diario SirEn Igualeja, que es el pueblo más grande del Alto Genal y de la 'Ruta de los Castaños´, tiene su nacimiento el río Genal, que recorre gran parte de la Serranía antes de unirse al río Guadiaro. El manantial se encuentra situado a la entrada del pueblo y este paraje se convierte en un lugar de descanso y de gozo obligado para el viajero.

Del interior de una gruta surge el agua cristalina, que posteriormente se concentra en unas balsas con pequeñas cascadas. Es el momento de llenar la cantimplora y de saborear sin prisas el frescor y la pureza del agua de las montañas.
Si el sol aprieta, la parada puede alargarse debajo de alguno de los frondosos árboles que bordean el nacimiento y tomarse un tentempié, antes de continuar la marcha por los castañares.