Del éxodo a dirigir el pueblo
ALPANDEIRE. A principios del siglo XX las mujeres tenían que irse del pueblo para escapar de los caciques pero, ahora, ellas mandan.

La opinión de Málaga. 2-12-03.

Blas Gil.

 

Todo pueblo de España que se precie suele tener una leyenda negra y, aunque con el paso de los años haya quedado en el olvido o sea borrada de la historia por intereses inconfesables, siempre habrá alguien que la recuerde y, al final, hable de lo que nunca debió suceder.

 

Éste es el caso del municipio serrano de Alpandeire, donde a finales del siglo XIX y principios del XX se produjo un sorprendente éxodo de mujeres, sin que se hasta ahora se conocieran muchos detalles sobre su origen.

 

Salvador Jiménez, uno de los lugareños y exalcalde, despejó la incógnita: "Durante estos años, el poder que tenían los caciques del pueblo era muy grande y habían establecido como norma que las mozas que les gustasen tenían que pasar por su alcoba antes de casarse", relata con la mirada perdida en el tiempo.


Salvador, que tiene 74 años de edad y siempre ha trabajado como agricultor y albañil, recordaba con grandes esfuerzos lo que, siendo aún muy joven, le narraron sus antepasados. "Mi tatarabuelo tuvo ocho hijos, tres varones y cinco hembras y para evitar que los señoritos del pueblo las violaran, cuando llegaron a la pubertad las envió a casas de Cádiz y Madrid a servir, ya que era la única manera de evitar que fuesen mancilladas y humilladas".


Pero algunas veces esta manera de proceder tenía un precio muy alto. "Durante aquellos años negros, un vecino le compró un billete de barco a su hija y la envió a Cuba. Días más tarde, el alcalde, que también era un cacique, le mandó a la Guardia Civil, que, en represalia por este desaire a los señores del pueblo, lo mataron de una paliza". A los pocos días, la esposa de la víctima también murió "de pena", apunta el improvisado historiador.


La mala racha de las mujeres de Alpandeire se volvió a repetir en los años 30, tras estallar la Guerra Civil. Durante aquellos años de violencia, una buena parte de las vecinas de este municipio tuvo que emigrar a Gibraltar para evitar los desmanes de los dos bandos. "Si querían evitar que las violasen o que les rapasen la cabeza, la única salida era abandonar cuanto antes el pueblo y haciendo el menor ruido posible", señala Salvador.


Afortunadamente, con el paso de los años las cosas han cambiado en Alpandeire, tanto, que ahora es una mujer, Raquel Mena, la que preside el Ayuntamiento. Además, todo el funcionariado de la Casa Consistorial está integrado por mujeres. "Tenemos una secretaria, una limpiadora, una auxiliar y una juez de paz", matiza con gran satisfacción la alcaldesa, que nunca había escuchado hablar de aquel forzado éxodo de mujeres de su pueblo.


No obstante, Mena indica que, a pesar de que el papel que está jugando la mujer en el municipio se va incrementando día a día, aún existen situaciones de cierto "machismo. Hace poco, cuando contratamos a un grupo de vecinos para las obras del PER, me quedé sorprendida cuando una trabajadora me dijo que ella tenía que cobrar menos que un hombre". La sombra de aquella mala racha persiste incrustada aún en muchas de las conciencias de los lugareños.