Del erizo a la cazuela

Diario Sur; 24 de octubre de 2009


Antes de ser asada en los puestos, la castaña es recogida a mano en un proceso que apenas ha variado en siglos.


Las gentes del Valle del Genal y de la Sierra de las Nieves tienen a estas alturas del año dolores en la espalda, las piernas reventadas y las manos llenas de pinchazos. Una penitencia que no hacen ni por rubias ni por morenas. La castaña es el oscuro objeto de deseo de estos agricultores, que en pleno siglo XXI siguen ejerciendo la recolección del fruto como se ha hecho siempre. Porque secretos no hay ninguno: hay que agacharse, sacarla del erizo, cargarla y venderla. También hay quien le da al castaño con una gran vara para que caiga el fruto, pero Manuel Garcés prefiere dejarse los riñones recogiendo los que el propio árbol ha dejado caer al suelo.


«Yo para coger la vara tiene que estar la cosa muy chunga», confiesa este yunquerano de 61 años, que a su edad sigue trabajando con energía las dos hectáreas que heredó de su familia y donde crecen 142 ejemplares de castaños. Su campo no es más que una raya en el agua dentro de un mar que en la provincia supera las 4.500 hectáreas, la mayoría, eso sí, en la comarca del Valle del Genal. Allí, la recogida de la castaña empezó a mediados de septiembre y el grueso del trabajo ya ha terminado en una temporada que no ha sido especialmente boyante.


Los campos de la zona están ahora cubiertos por miles de erizos, la mayoría ya vacíos de un fruto que hay que recolectar con esfuerzo, dedicación y cuidado. Uno de los momentos más delicados llega a la hora de sacar la castaña de su espinosa corteza. Muchas veces, la protección de los guantes no es suficiente y la púa se acaba clavando en la palma de la mano. «Los guantes hay que renovarlos por lo menos tres veces porque se rompen», afirma Manuel Garcés.


Trabajo diario
En su campo él puede recoger al día entre 70 y 80 kilos, aunque en la Sierra de las Nieves hay quien echa la jornada completa y alcanza los cien. También están los dueños de fincas más grandes, que tienen que contratar a cuadrillas enteras para recolectar.

 

Después, las castañas se echan en los cestos o las espuertas y se clasifican según su tamaño. En la provincia de Málaga existen distintas variedades y cada una recibe un nombre según la comarca en la que se encuentren. La más habitual es la pilonga, que es la mejor para asar porque es fácil de pelar. Pero también están la bravía temprana, típica de Jubrique; la peluda, que se encuentra en Cartajima, Pujerra o Igualeja y se suele tomar el Día de Todos los Santos; o la laga, de mayor tamaño y habitual por Yunquera.


Para separarlas, se suelen pasar por un par de cilindros con unos agujeros por los que se cuelan las castañas cuyo tamaño no es el adecuado. En este tiempo, los agricultores ultiman la recolección de los pocos frutos que quedan, pero el trabajo prosigue durante todo el año. Lo más inmediato viene en invierno, cuando hay que retirar o quemar los erizos y hojas secas, que en algunos campos llegan hasta las rodillas.