UN PASEO POR EL BAJO GENAL Diario Sur 21-10-2002 Paisajes insólitos, casi vírgenes, esperan para ser descubiertos en esta 'selva' mediterránea. A tan sólo medio centenar de kilómetros de una ciudad tan poblada como Estepona, nada se desvirtúa aquí porque sólo los que sienten fervor por lo natural se atreven a curiosear en este paraje Si todavía hoy, en el siglo de las nuevas tecnologías, hay un valle que recibe al visitante con su sosiego, su tranquilidad y sus espacios vírgenes, hay que agradecérselo, sobre todo, a su difícil acceso. Especialmente al hablar de la zona baja, es decir, cuando el cauce del río va cobrando mayor amplitud, conformando un enclave mágico, un triángulo que tiene como vértices los pueblos de Algatocín, Jubrique y Genalguacil. A tan sólo medio centenar de kilómetros de una ciudad tan poblada como Estepona, nada se desvirtúa aquí porque sólo los que sienten fervor por lo natural se atreven a curiosear en este paraje, que parece haber salido de un cuento de hadas. Paseando por la ribera, aunque parezca un tópico, sólo se respira naturaleza viva. El paisaje está adornado por las sierras que conforman el valle. Desde lo más elevado se puede ver no sólo la estela que dejan los meandros del río, sino también toda esa cadena montañosa que hace posible que la Costa del Sol goce durante todo el año de los que muchos han dado en llamar un microclima. Subiendo hasta la ermita de Algatocín, pueblo que se distingue por su torre ocre con cúpula azul, se observa incluso el Peñón de Gibraltar. Vergel mágico Pero volviendo a la ribera, en ella se puede admirar el verde variopinto que durante la primavera ofrecen los quejigos, pinos, castaños y chopos, que parecen estratégicamente repartidos a los lados de la orilla, como si quisieran ofrecer el mejor escaparate de todo el valle. Incluso en algunos rellanos del río hay numerosas huertas que aprovechan la abundancia de agua para producir limones, naranjas y hortalizas El sosiego sólo lo rompe el rumor del propio Genal, que durante esta estación, después de las lluvias caídas en las últimas semanas, se vuelve a convertir en el 'amazonas' de esta selva mediterránea. En verano puede el visitante mojarse los pies en las refrescantes aguas del río, como hacen los vecinos de los pueblos aledaños con motivo de sus diferentes romerías. No es recomendable hacerlo en estos días, a menos que los pocos rayos de sol que directamente inciden al mediodía nos agobien con su altas temperaturas. Un pueblo con arte Pero no sólo hay que limitarse a los elementos naturales que conforman esta subcomarca. También es posible recrearse en los cascos urbanos de los municipios cercanos. Entre ellos, destaca Genalguacil, que sorprende al viajero por su casco urbano. Calles adornadas con flores, fuentes que no cesan de emanar agua de la sierra y el arte contemporáneo que dan el toque exótico a esta localidad. Cada dos años, Genalguacil acoge unas jornadas en la que artistas nacionales y foráneos de las tendencias más vanguardistas realizan sus obras para después dejarlas allí como un atractivo más del municipio. El próximo mes de agosto tendrá lugar este curioso evento, "único en el mundo", como aseguran los propios vecinos. Desde la plaza principal de Genalguacil, se observa la combinación perfecta de los paisajes montañosos con el diseño modernista de las piezas que distintos autores dejan allí como legado. Todo ello hace acreedor a este municipio del apelativo con el que se le conoce ahora, museo viviente. Y es que a Genalguacil nunca le han faltado denominaciones por sus atractivos. De hecho, su actual nombre significa, traducido del árabe, "jardín del ministro", lo que hace pensar que algún emir musulmán se quiso apropiar temporalmente de una parte de este soberbio vergel.
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