BANDOLEROS EN LA SIERRA DE GAUCÍN.
Miguel Vázquez González
.Año 2001
La Sierra de Gaucín, como antesala
de la Serranía de Ronda, descubre al viajero un paisaje abrupto,
salvaje, intrincado y de difícil acceso. Caminos empinados
y ásperos, la mayoría de ellos impracticables, incluso
para las caballerías. "Las
cabras y los contrabandistas siguen siendo los ingenieros de los
caminos de la Serranía"
(1).
La
Sierra y su entorno ofrecieron siempre las condiciones ideales para
que bandoleros, contrabandistas y gentes fuera de la ley campasen
a sus anchas, cometiendo toda clase de tropelías y crímenes.
En lo que a bandoleros se refiere, no cabe la menor duda de que
Gaucín fue escenario de primer orden. Sin embargo, pese a
las condiciones geográficas y sociales de la zona, solo hay
constancia escrita de la existencia de un bandolero natural de Gaucín,
Cristóbal Gálvez, que asesinó alevosamente,
de un tiro, en los alrededores de Jimera de Libar, al guardia civil
de segunda clase Joaquín García y por cuyo motivo
fue perseguido y capturado cuatro años más tarde por
los Guardias del puesto de Manilva José María Gómez
y Manuel López Osorio, por lo que ambos fueron ascendidos
de inmediato y felicitados por su General.
"Más
de cuatro años hacía que se hallaba impune la muerte
del Guardia de 2ª clase Joaquín García, que dependiendo
del puesto de Gaucín, fue asesinado alevosamente de un tiro
en las inmediaciones de Jimera de Libar. Perseguido desde entonces
sin descanso el criminal que cometió aquel atentado, que
lo fue Cristóbal Gálvez, natural de Gaucín,
ha venido por último a caer bajo el fallo de la ley, siendo
capturado en la tarde del 29 del mes próximo pasado por los
Guardias del puesto de Manilva José María Gómez
y Manuel López Osorio, por lo que ambos han sido premiados
con el ascenso inmediato, mereciendo además las gracias de
su General" (2).
No obstante, conocemos al menos otros dos hechos que hacen referencia
al bandolerismo en la villa de Gaucín. Uno, de tradición
oral, con ciertos ribetes de romanticismo; se trata de la
Historia del Tío Juaico;
otro, histórico, la intrépida acción del
Alcalde de Gaucín, don Francisco Gálvez y Fernández,
contra la partida de Josef Moreno, alias Joselín.
Por
tradición oral, transmitida de padres a hijos, conocemos
de la existencia y la historia de un tal Tío Juaico (3),
tristemente célebre por los muchos robos y crímenes
que cometió y por los que fue juzgado, condenado a la horca
y ajusticiado. El patíbulo se levantó en la Carrera,
la antigua plaza de toros. Aún recuerdo que de niño
oí relatar infinidad de veces la historia del Tío
Juaico. Contaban los más viejos que, cuando el verdugo fue
a cumplir la ejecución, Tío Juaico, pidió,
como última voluntad, liar un cigarro y que le dejasen hablar
al pueblo reunido, para presenciar la ejecución. Ambas peticiones
le fueron concedidas. Desde el patíbulo, con el cigarro entre
los labios, habló de esta manera:
-"Madres que me escucháis, nunca debéis consentir
que vuestros hijos traigan nada robado a casa; siendo niño,
robe unas tijeras a una vecina, las llevé a casa y mi madre
lejos de reprenderme la acción y hacerme devolver lo robado,
me lo consintió; fue el inicio de una desgraciada y, por
ello, hoy muero ajusticiado en la horca".
El hecho histórico anteriormente
aludido hace referencia a la valentía desplegada por el alcalde
de la villa de Gaucín, don Francisco Gálvez y Fernández,
en el apresamiento de la partida de Josef Moreno, alias Joselín,
cuyo cuartel general estaba en la cercanía de la villa de
Benarrabá. Esta heroica actuación le valió
el nombramiento y los honores de Alcalde del Crimen de la Chancillería
de Granada, según el texto que se publica en la Gaceta de
Madrid, con fecha 7 de octubre de 1830.
"Los
repetidos robos, asesinatos y demás violencias que de algunos
meses a esta parte cometían impunemente varias cuadrillas
de bandidos en los pueblos de la Serranía de Ronda habían
hecho intransitables las comunicaciones de unos con otros, y reducidos
sus habitantes a tal estado de opresión, que ni aún
en sus propias casas podían considerarse libres de sus asaltos,
ni se atrevían tampoco, a pesar de serles bien conocidos
los más de ellos, a denunciarlos a las autoridades, ni menos
a perseguirlos éstas, por temor de experimentar sus venganzas
y atrocidades, ejecutadas ya en otros.
El Alcalde mayor de Gaucín, en aquella serranía, don
Francisco Gálvez y Fernández, que había principiado
a perseguirlos, y aprehendidos ya cuatro de esos criminales con
el corto auxilio de algunos voluntarios realistas, tuvo noticias
fidedignas de que esas cuadrillas se engrosaban cada día,
pues pasaban ya de 50 el número de ellos, y que trataban
de reunirse y pasar a dicha villa para poner en libertad a sus compañeros,
asesinar al mismo Alcalde mayor, continuar sus excesos y atentados
sin oposición y resistencia alguna, y acaso con el designio,
todavía más execrable, de alterar el orden y la tranquilidad
pública, de que afortunadamente se goza por efectos de las
enérgicas medidas tomadas por el valiente y activo Gobierno
de S. M. para alejar y reprimir el desorden doquiera que se produzca.
El peligro de que se verificasen tan graves males era inminente,
y su remedio mucho más difícil se realizaba la reunión
de los malvados antes de recibir auxilio de la componente fuerza
armada que Gálvez había solicitado, y se había
ofrecido por el Capitán general. En aquellas críticas
circunstancias, pues, deseoso de libertar a aquellos pueblos de
tan triste situación, sin aguardar a la llegada del auxilio,
y arrostrando todo genero de fatigas y peligros, tomó este
Alcalde mayor la intrépida y arriesgada resolución
de atacar y exterminar a los malvados en el pueblo de Benarrabá,
distante poco más de una legua de Gausin, donde sabía
se hallaban reunidos sus principales cabecillas.
Formado
a este fin por él mismo el plan de operaciones que le pareció
más conveniente, y puesto de acuerdo con los comandantes
de los voluntarios realistas de los pueblos de Ubrique, Algatocín,
Benalauría y de la propia villa de Gausin, que con varios
vecinos honrados y algunos oficiales de milicias e ilimitados en
ella se ofrecieron generosamente a tan laudable empresa, dispuso
que en la noche del 27 al 28 de agosto último, y desde la
una a las dos de ella, se situasen las indicadas partidas en los
puntos más próximos al citado pueblo, designados a
cada una. Ejecutado, pues, así exactamente por todas, y apenas
habían ocupado sus respectivas posiciones, cuando a poco
tiempo salió del citado pueblo de Benarrabá una cuadrilla
como de 20 hombres, montados algunos de ellos, que se dirigían
por el camino donde se hallaban apostados los voluntarios realistas
de Gausín. Dado el "¿Quién vive?",
por la avanzada de éstos, y habiendo contestado aquellos
con dos tiros, dispuso Gálvez que su gente tomase los dos
lados del camino, y roto un vivo fuego de ambas partes, huyeron
luego los malvados precipitadamente, los cuales, perseguidos con
intrepidez por los voluntarios, vinieron a caer sucesivamente sobre
los puntos que ocupaban las partidas de Ubrique y Algatocín,
y fueron rechazados igualmente por el inesperado y bien sostenido
fuego de éstas, que causó su completa derrota y dispersión,
habiéndose dividido después dichas partidas para correr
el campo y continuando el fuego por intervalos el resto de la noche,
al perseguir los criminales en todas direcciones.
Al
amanecer del 28 se reunieron las expresadas partidas en Benarrabá,
conduciendo cinco de dichos bandidos que habían aprehendido,
alguno de ellos heridos, y además muerto a Josef Moreno (alias
Joselín), capataz de la gavilla, sin haberse experimentado
desgracia alguna por parte de los voluntarios realistas. Restituido
el expresado Alcalde mayor con los presos a Gausín, después
de haber registrado el citado pueblo, y habiendo exhortado enseguida
a algunas justicias de los inmediatos de la prisión de los
fugados antes de darle tiempo para que volviesen a reunirse, se
verificó la de otros 11, que también pusieron a disposición
dichas partidas; por manera que al cabo de doce días logró
reunir en aquella cárcel 20 criminales de la mencionada cuadrilla,
incluso los cuatro aprehendidos antes de la referida acción,
y que el feroz Joselín, capataz de ellos, haya recibido con
su muerte el castigo tan merecido por sus atrocidades. Enterado,
pues S. M. con satisfacción del brillante resultado que han
tenido las enérgicas y acertadas disposiciones tomadas por
el benemérito Alcalde mayor de Gausín, don Francisco
Gálvez y Fernández, para el exterminio de las indicadas
gavillas de bandidos, y que con expresión de los sujetos
que le han auxiliado en tan noble empresa refiere circunstancialmente
en el parte que ha elevado al Ministerio de Gracia y Justicia con
fecha 13 de septiembr4e último, y habiendo sido sobre el
particular a su Consejo de señores Ministros, ha tenido a
bien, conformándose con su dictamen, resolver, entre otras
cosas, se imponga sin dilación a los reos aprehendidos el
castigo correspondiente según las leyes a la enormidad de
sus crímenes; que el expresado Alcalde mayor se le concedan
los honores de Alcalde del Crimen de la Chancillería de Granada,
recomendándosele a la Cámara para que se le adelante
en su carrera; que se instruya formalmente el oportuno expediente
sobre el relevante mérito que han contraído los voluntarios
Realistas y demás personas que han concurrido a la referida
acción contra la dicha gavilla de bandidos para premiarlas
debidamente y que se publique además en la Gaceta este importante
servicio para satisfacción y a fin de que tan recomendables
pruebas de valor, Antón y celo por la conservación
del orden y tranquilidad pública se imiten por los demás
Jueces y pueblos del reino"
(Gaceta de Madrid, jueves 7 de
octubre de 1830. Imprenta Real. Hemeroteca Municipal de Madrid)
(4).
Notas Bibliográficas:
1. FORD, Richard. "Manual
de viajeros por Andalucía y viajeros en casa. Reino de Granada".
Ediciones Turner. 1988.
2. GUÍA, Revista
de la Guardia Civil. 1853.
3. El Tío Juaico
debió vivir en la segunda mitad del s XIX, según la
tradición.
4. GARCIA SIGUENZA, Isidoro.
"Los bandoleros en la Serranía de Ronda". Edt.
Guadiaro. 1999
5. El dibujo en color es
de Pedro Castañeda. Para Ruta del Tempranillo. Junta de Andalucía;
Grabados ingleses del s XIX; La horca es un grabado inglés
del s XVI.
6.- Bandoleros
en refriega con la Guardia Civil ("Emboscada a unos bandoleros
en la Cueva del Gato".
MANUEL BARRON Y CARRILLO.
Museo Thyssen-Bornemisza.
Madrid).
7.- Bandoleros
en una Venta. (" Escena en una venta". MANUEL CABRAL AGUADO
BEJARANO. Museo Thyssen-Bornemiszan. Madrid).
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