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José Faura Martín prologa el libro
de Salvador Martín de Molina, "Gaucín
1742 1814", presentado en el Ayuntamiento de Gaucín,
el pasado 15 de agosto.
www.gaucin.tv
17 de agosto
de 2005
Me
siento algo confundido al iniciar el prólogo de este libro
sobre el Jefe de Escuadra y Mariscal de Campo Don José Serrano
Valdenebro. Su extraordinaria personalidad, la compleja situación
del momento histórico en el que hubo de desenvolverse y los
datos contradictorios que nos han llegado estructuran un complejo
panorama del que es difícil extraer un hilo conductor de
sus actividades profesionales. Por ello me siento obligado, antes
de nada, a felicitar a Salvador Martín de Molina por su extraordinaria
labor de investigación y, muy especialmente, por el intento
que supone este libro por sacar del olvido a este profesional de
las armas que llenó unos años transcendentales de
la historia de la Serranía de Ronda, pero que ha dormido
en el difuso recuerdo de unos pocos, con peligro cierto de desaparecer
de la memoria de todos. Sea, pues, bienvenido este trabajo sobre
un militar cuya generosidad le llevó a traspasar, en el campo
profesional, los límites del heroísmo, sin escatimar
sacrificios de todo tipo, impulsado, probablemente, sólo
por la fascinación de una tierra cuyo embrujo envuelve y
tiraniza, ya para siempre, a cuantos hemos vivido en ella.
Por ello, al hablar de su decidida "voluntad
de vencer" (principio fundamental del arte de la guerra que
lleva grabado en su temperamento como una característica
congénita) no podemos eludir la consideración del
magnetismo que esas tierras ejercen sobre sus connaturales. Pero
este estímulo, que por sí mismo sería más
que suficiente para justificar su actitud levantisca, se ve acrecentado
por el comportamiento de los invasores que, permanentemente, no
cesan de provocar con sus abusos a una población pacífica
que sólo reaccionó cuando se sintió humillada
y herida en su amor propio.¿Cómo quedar impasible
ante los horrores que los franceses cometen y que Serrano aprecia
de forma directa? o ¿cómo se podría entender
que no reaccionara cuando compatriotas "afrancesados"
declinan su gallardía y, en ocasiones, su honor para ganarse
las simpatía de los invasores? Su gran amor a España
está concentrado en ese trozo de nuestra geografía
que él conoce como nadie.
Sus modos operativos y sus procedimientos disciplinarios,
criticados por no pocos, son una consecuencia del convencimiento
que tenía de su aplicación para manejar a hombres,
difíciles de manejar que él ha convertido en aguerridos
combatientes que ponen en juego, diariamente, sus propias vidas.
Aunque, como buen jefe, supo ganarse el respeto y el afecto de su
gente, no siempre fue reconocida su condición de líder
fuera de la zona, especialmente en los despachos donde con soltura
se suelen mover los aspirantes a todo sin aportar más que
sus calumnias e infamias.
Estos enfrentamientos no son más que la
secuela de una situación socio-política muy delicada.
No podemos olvidar la situación caótica de la administración
central, manejada por elementos extraños, sin aportar el
imprescindible vínculo que aunara la volunta de los españoles.
Este vacío era el caldo de cultivo propicio para la aparición
de caudillos locales o regionales, con criterios y objetivos que,
en muchas ocasiones, eran antagónicos con los del vecino,
propiciando enfrentamientos cainitas que sólo favorecían
al enemigo común, el francés. La visión particularista
de los problemas les restaba profundidad a los planteamientos que,
en el mejor de los casos, adolecían de la coordinación
necesaria para alcanzar objetivos de importancia.
Quizás sea éste uno de los rasgos
que con mayor fuerza incide en el devenir de nuestro personaje.
Porque los orígenes de estas desavenencias habría
que buscarlos en la confrontación que, en la mayor parte
de las situaciones críticas, se producen entre el estamento
político y el militar. Y no es que la causa de ello se deba
a la lucha por la hegemonía de uno de los dos poderes, que
siempre debe estar en la parte política, pero sí como
la expresión, al igual que ocurría en tantas otras
cosas, de una sociedad enferma. Es fácil entender que sentaran
mal los cambios de criterios en la conducción de la guerra,
especialmente si estos influían sustancialmente en la conducción
de las operaciones; otro tanto podría decirse de las decisiones
precipitadas o del relevo de la Jefatura de las Tropas combatientes
con marcada incidencia si se debían a razones espurias.
Serrano fue víctima de estas irregularidades
en diversas ocasiones. El conocía como nadie los vericuetos
de una zona cuya orografía, per se, es un auténtico
laberinto. Se movía permanentemente sin presentar un frente
que el enemigo pudiera batir con su descompensada superioridad.
Sus unidades eran ágiles y flexibles, lo que le permitía
sorprender al enemigo, causándole daños de importancia,
en lugares insospechados. La respuesta del enemigo solía
descargarla sobre núcleos urbanos en los que cometía
toda clase de desmanes.
Esta forma de combatir, que se la conoce universalmente
como "Guerrilla", tubo su origen en nuestra guerra de
la Independencia, y no es más que la lucha del débil
contra el fuerte, evitando los frentes convencionales para no ser
batidos en una sola operación de forma contundente. Ahora
que los medios de combate han evolucionado extraordinariamente,
aun cuando la filosofía profunda sigue siendo la misma, a
este tipo de enfrentamiento se le conoce como "conflicto asimétrico",
cuya representación más genuina es lo que está
ocurriendo en Irak.
En contra de lo que pudiera pensarse, Serrano
Valdenebro fue un hombre culto, estudioso y reflexivo ("bajo
las tiendas de Marte, acampan también las musas", le
dice al Príncipe de la Paz, en la presentación de
uno de sus libros). Estas características, él las
achaca al mucho tiempo que le dejaron postrado sus numerosas heridas.
Su preparación y sus capacidades le hacen enfrentarse con
temas de mucha altura ("Discursos varios de las artes de la
Navegación y la Guerra") y otros de análisis
táctico o de Organización militar de ejércitos
extranjeros. Quiero resaltar esta condición de Serrano porque,
de su trayectoria militar podría deducirse que era un militar
rudo, hosco, poco dado a la reflexión y al estudio, cuando
realmente, como se puede deducir de la lectura de esta biografía,
tenía una faceta de su personalidad, la culta, que él
había cultivado con especial cuidado.
Quizás la parte más incomprensible
de la biografía de este gran hombre sea el olvido en el que
ha estado sumido y, especialmente, el desdén con el que ha
sido tratado por sus propios paisanos. Porque, no solo fue una figura
de su tiempo, sino que luchó denodadamente por defender la
tierra que lo vio nacer y a sus habitantes. ¿Cómo
se ha podido quedar sin memoria un pueblo que debería sentir
el orgullo de las grandezas de sus hijos?..Ahora, con este testimonio,
no se trata de buscar responsables; más bien debería
interpretarse como el motivo para revitalizar la figura de este
insigne español del que todos debemos sentirnos orgulloso
De esta manera, al tiempo que se recupera su memoria, se acrecentaría
el orgullo de pertenecer a una tierra que, a la singularidad de
sus características, se une la grandeza de algunos de sus
hijos.
José Faura Martín
*
* El Excmo. Sr. D. José
Faura Martín, fue Jefe del Estado Mayor del Ejército
en los Gobiernos de Felipe González y José María
Aznar (1994-1997), aunque nacido en Ceuta, está muy ligado
familiar y afectivamente a Gaucín, cuyo Ayuntamiento le nombró
hijo adoptivo del municipio..
Foto.- Gaucín.tv
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