Exposición de pintura y presentación de poemas de un gaucinense en Jaén.

Gaucín.tv.

3 de Marzo de 2004


El pasado 26 de febrero Salvador Martín de Molina abría, en Jaén, las puertas de la Fundación Centro de Estudios Andaluces -CENTRA-, para dar a conocer al público, entre los que nos encontrábamos amigos y familiares de Gaucín, la nueva producción pictórica que ha salido de su estudio en esta última hornada.


Bajo el título de "BOSQUEJOS" Salvador nos muestra una treintena de cuadros que hablan de Gaucín. Donde él expresa la esencia de sus calles, la poesía de sus recuerdos de niño y el amor que siente por la patria de sus vivencias de juventud: "Piedras milenarias, huellas de Cartago,/ iberos y bárbaros,/ o, en más cercanas calendas,/ de romanos y godos,/ o de mis hermanos/ los hermosos moriscos."

 

En paralelo, casi sin darle tiempo de preparar el terreno para una nueva cosecha, nos obsequia con "Veinte pinceladas para unos versos", opúsculo de pintura y poesía que mejor que nadie ha entendido y expresado Manuel Urbano en su titulado prologo "Color y voz para Gaucín":

 

"No caben duda de que el paisaje urbano fue siempre una fuente inagotable de emociones artísticas, como no caben de que es uno de los grandes manantiales por los que se desborda la nostalgia. Y Gaucín es belleza que inspira belleza.


Y Salvador Martín de Molina, aun antes de salir de sus limites, ya tuvo nostalgia de Gaucín, como si adivinase que buena parte de su vida iba a ser un inacabable periplo de exilio echándolo de menos.

 

Esa presencia nostalgiada es el tema de las vente pinturas de esta inspiración y de los vente poemas breves -arte nacido del arte- que de su emoción salieron. En ambas hay búsqueda y hay encuentro.

 

Podría decirse que la peripecia personal de Martín de Molina es la de un Orfeo y su larga residencia giennense es una búsqueda enamorada de la esencia de su tierra de nacencia, la Diosa. Pero si Orfeo, que emociona a las piedras y a todo lo inanimado y encanta a la fauna y a las flores con su música, pierde a Eurídice por volver la vista atrás, nuestro pintor -quién también palpita en la poética de la palabra- retorna para reconquistar definitivamente con su sentir plástico la tierra y las piedras, la luz y las cales con las que nunca dejará de existir.


Estas pinturas y estas palabras son a mi juicio, un hermoso caer en la cuenta."