Un tesoro bien guardado
Diario Sur 14 Octubre 2003 Almudena Salcedo/ Foto Ecijara

El Valle del Genal y buena parte de la Serranía de Ronda viven estos días su época de mayor actividad con la recogida de la castaña. Una tarea que ocupa a decenas de familias ansiosas por dejar los castaños 'pelados' antes del uno de noviembre.
Son las siete de la mañana y Juan y su mujer Francisca se preparan para ir a Júzcar a recoger sus castañas. Lo hacen con cierta celeridad, y es que el tiempo anuncia lluvia, así que "cuanto antes se termine, mejor", aseguran. Pero ellos no son una excepción. Estos días, el Valle del Genal y buena parte de la Serranía de Ronda están entregados a la dura tarea de recoger la castaña. Familias enteras aparcan sus coches a pie de carretera y se introducen en un monte donde sólo se ven castaños. Allí pasan el día. Unos, vareando y otros, recogiendo del suelo el rico fruto. Lo hacen con guantes para evitar pincharse con los erizos -que cubre la castaña-, aunque afortunadamente el agua caída en los últimos días ha suavizado sus puntas.

De este modo, la castaña se ha convertido en uno de los frutos mejor guardados del campo, no sólo por sus erizos, que ahuyentan a animales y personas, sino por los propietarios de los castaños que vigilan y cuidan con esmero cada centímetro de sus tierras. Así todo el mundo sabe que no se deben coger las castañas que hay a pie de carretera ni introducirse en un castañar, aunque rara vez estén vallados. Esta es una de las normas de oro de la convivencia en muchos pueblos de la Serranía. Pero, a pesar de todo, los dueños de los castañares recogen primero los frutos que están cerca de las vías de paso por si algún despistado decide aprovecharse de sus cultivos. Asimismo, los más espabilados suelen echar mano de una antigua tradición según la cual los castaños son de todos a partir del día uno de noviembre, de ahí que la temporada de recogida suela terminar a finales de octubre.

Pero volviendo al trabajo, Juan y Francisca permanecerán en el castañar hasta que anochezca y, con un poco de suerte, se llevarán dos o tres grandes sacos repletos. Entonces, un burro les ayudará a subirlos hasta su coche, con el que irán a pesarlos al pueblo para luego venderlos. Para algunos esta es una tarea rentable, aunque todo depende de la subida y bajada de precios.

Así, mientras que hace una semana estaban a 2,10 euros el kilo, ahora han bajado hasta 1,65, según explica Juan José de Lorenzo- Cáceres, gerente de una cooperativa de castañas que este mes trabaja las 24 horas del día, no en vano envasarán más de 900.000 kilos.