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El cambio climático se
mide en el suelo de Gaucín
R. Garrido / Málaga.
Málaga Hoy. 28 de octubre
de 2009
Para que la salud de un suelo se
considere buena su actividad biológica debe funcionar a la
perfección y uno de los indicadores a tener en cuenta en
los efectos y evolución del cambio climático. Un proyecto
de la Universidad de Málaga, en colaboración con la
checa de Mendel, está tratando de determinar su estado y
si los factores meteorológicos están mermando su salud.
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Los profesores que llevan el proyecto, en
la parcela de experimentación de Gaucín.
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Desde el año 2000, expertos de ambas
universidades estudian al detalle la progresión de una serie
de parcelas experimentales ubicadas en distintos puntos entre Málaga
y Almería con numerosas diferencias de clima, tipo de suelo
y actividad. La de referencia
se encuentra en Gaucín, aunque hay otras en Marbella,
Almogía, Jergal y Berja. Pero el resultado es muy similar
en las cinco.
José
Damián Ruiz Sinoga, profesor de Geografía Física
de la Universidad de Málaga y coordinador del proyecto,
asegura que ya se han visto los primeros síntomas de degradación
del suelo de oeste a este como consecuencia de la ausencia de vegetación
por la carencia de agua.
Y ¿cómo lo han determinado?
Pues gracias a la instalación de una especie de tubo fino
y alargado que se llama sonda y que contiene nitrógeno. Estos
artilugios se entierran y se dejan bajo tierra unos seis meses para
poder estudiar después la valiosa información que
contienen. Y es que el suelo es un sumidero natural de nitrógeno
y lo transpira, por lo que al pesar de nuevo esas sondas después
de extraerlas de la tierra "se puede determinar la cantidad
que ha necesitado un suelo durante ese tiempo y eso será
un indicador de su salud".
Con este sencillo experimento se puede
saber, además, la incidencia de los factores climáticos
sobre el suelo y su actividad biológica gracias a la instalación
de otras sondas circulares con las que es posible determinar el
movimiento del nitrógeno.
Cuánta más actividad haya
en ese suelo, mayor será su productividad, señaló
el experto, que se ha podido comprobar en algunos puntos que el
exceso de nitrógeno utilizado en la agricultura para producir
más "puede ser negativo al cabo del tiempo y terminar
degradándolo por una excesiva saturación".
Las consecuencias son nefastas para el
medio ambiente en general, ya que si un suelo pierde capacidad de
mantener vida o vegetación se irá degradando y terminará
derivando en el temido fenómeno de la erosión. El
mismo efecto negativo tendría sobre la atmósfera debido
a que el suelo actúa como un importante sumidero de carbono
y la biomasa disminuye su capacidad de absorción también.
Lo que se pretende con este proyecto,
según Ruiz Sinoga, es no sólo saber cómo se
está comportando el suelo por culpa de los factores climáticos
sino también cómo se podría actuar para hacer
más efectiva su restauración en un futuro.
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