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El jinete que evitó la quema
de Algarrobo
Francisco Lancha.
Benalmadena Digital
13/04/2009 12:18:00
Municipio malagueño
de Algarrobo. Nunca pudieron pensar los franceses cuando invadieron
España a principios del siglo XIX las dificultades que iban
a encontrar con las guerrillas, palabra y técnica que hasta
entonces les era desconocida pese a que se acuñase...en
nuestro país desde los tiempos de los iberos.
En Andalucía el hostigamiento de
estos grupos fue tal que uno de los generales de Napoleón
llegó a lamentarse de estar luchando contra fantasmas añadiendo
que el ejército galo no estaba preparado para ello.
Como en toda España, también los malagueños
se organizaron en guerrillas destacando varias de ellas, como la
del cura de Riogordo o las que controlaba en la Serranía
José Serrano Valdenebro, alto grado de la Real Armada española
y firmante de la Constitución de Cádiz (1812), que
tenía su cuartel general en Gaucín. Otra de las partidas
que fustigaban a las tropas francesas estaba formada por vecinos
de Algarrobo dirigidos por uno de ellos llamado Segovia, que en
determinada ocasión preparó en la cuesta de Cómpeta
una emboscada en la que cayó aniquilada una patrulla francesa.
Al llegar la noticia de la matanza a Vélez
Málaga, el comandante francés de la plaza, preso de
cólera, ordenó que Algarrobo fuese pasado a fuego
inmediatamente. Al llegar a la villa algarrobeña los encargados
de cumplir el mandato se encontraron a los vecinos, que ya tenían
noticia de la catástrofe que les sobrevenía y les
impedían el paso pidiendo una tregua, aduciendo que no era
el pueblo el que había preparado la emboscada, sino un pequeño
grupo. Pidieron veinticuatro horas para recabar un indulto del gobernador
de Málaga. Después de mucho pleitear, el oficial accedió
reduciendo el tiempo a veinte horas.
Entre la espada y la pared y con este escaso
margen de tiempo, los algarrobeños eligieron al mejor de
sus jinetes, que emprendió veloz carrera hacia Málaga
portando la petición de gracia. La leyenda cuenta que logró
llegar a la capital, entrevistarse con el gobernador francés,
tras de una larga espera que le pareció interminable; conseguir
el indulto para su pueblo y regresar en el último minuto,
después de haber reventado dos caballos, salvando así
a Algarrobo de haber sido pasto de las llamas.
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