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GUERRILLEROS RONDEÑOS Y DEL CAMPO DE GIBRALTAR
EN LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA
La Voz Digital. 26 de noviembre
de 2008
José
Becerra Gómez.
Muchos son los historiadores que en estos
días exhuman documentación sobre la valiente y desigual
reacción de los guerrilleros de la Serranía de Ronda
levantqdos para frenar el avance francés en la provincia
de Málaga.
Entresacándola
de la historia de Málaga y su provincia ahora que se
celebra el segundo centenario de la Guerra de la Independencia Española
de 1808 -, existen unas páginas gloriosas de aquel conflicto
bélico que pertenecen de lleno a la Serranía de Ronda.
En el montaraz de este último espolón de las Subbéticas,
siempre mítico, eternamente legendario, anidaron grupúsculos
de resistencia al invasor galo que mantuvieron en jaque a unas huestes
bien pertrechadas a las que parecía misión imposible
frenar el avance. Lo lograron, empero, empleando el sistema de lucha
solapada de guerrillas. Con él lograron inflingirle si no
notables derrotas, de esas que suben a los anales históricos,
sí serias pérdidas de efectivos militares, amén
de la quiebra repetida de su logística, cuando ésta
parecía solidamente asentada en el territorio andaluz y nacional.
Temerarios y audaces, combatiendo hasta la extenuación plantaron
caro a todo un ejército disciplinado y en regla que había
conquistado ya, bajo las órdenes de Napoleón Bonaparte,
media Europa. Consiguieron los guerrilleros serranos diezmar y frenar
su avance por el sur peninsular echando mano a los más elementales
medios de lucha y resistencia: arcabuces, ondas y piedras, bieldos
y aperos de labranza, y sobre todo, usando la estrategia de la sorpresa,
elemento esto que nos le ofrecía dificultades dado el conocimiento
cabal del terreno sobre el que se movían.
Las
sendas en las que las tropas francesas sufrieron pérdidas
humanas tan considerables como imprevistas la conocieron los tratadistas
galos como les chemins d´ennui et le cimitiére
de la France (los caminos de la amargura y el cementerio de
Francia), lo que da idea de la importancia de los hechos que aquí
se desarrollaron. Ni fusilamientos masivos ni los perdones generalizados
que se ofrecieron en calidad de amnistías generalizadas lograron
atraer a los resistentes que prefirieron morir matando que entregarse
al invasor.
Posiblemente no fueron los serranos rondeños
quienes inventaron la guerra de guerrillas, porque estuvo presente
en cualquier parte del mundo y en cualquier época siempre
que un pueblo oprimido necesitó rebelarse contra su opresor,
recurriendo al armamento más cercano y a las sinuosidades
del camino para lograr sus fines de golpear al enemigo en donde
menos lo esperaba. Pero es curioso constatar, a la vista de la historia,
cómo fue en estos parajes, desde Gibraltar hasta las Alpujarras,
pasando por la Sauceda de Cortes de la Frontera y la Serranía
de Ronda, en donde se cimentó su estrategia y se reconoció
la astucia y el tesón de los que las practicaron. Desde Umar
ibn Hafsun (c. 840-917), caudillo muladí descendiente de
un conde visigodo, que se alzó contra el omnímodo
poder del califato cordobés, hasta el maquis que opuso tenaz
resistencia al franquismo posterior a nuestra guerra civil, sin
olvidar, entremedias, el bandolerismo enemigo del sistema establecido,
facciones de hombres aguerridos lograron suscitar el interés
y la admiración de medio mundo. Todos como fondo común
de sus hazañas el agreste paisaje de la Serranía de
Ronda.
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Serrrano Valdenebro (joven)
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La
mayor parte de los guerrilleros independentistas serranos que pusieron
en jaque a las tropas francesas permanecen en al anonimato, pero
se rescató del olvido a los cabecillas que supieron infundir
denuedo y decisión a sus seguidores. Juan José Barranco,
de Atajate; José Aguilar, de Benaoján; Sebastián
Tinoco, de Algatocín, o Silvestre Calvente, de Benarrabá
consiguieron sembrar el desconcierto en el avance de los franceses
por su territorio respectivo. Igualmente lo lograron Alonso Lovillo,
presbítero y alcalde de Alpandeire, la familia de los Añones
y el aguerrido José Serrano de Gaucín, o Alonso, el
Feo, de Cortes de la Frontera. De este pueblo hay que destacar la
figura del marino José Serrano Valdenebro, patriota que tan
buenas muestras dejó de su arrojo y valentía en defensa
del suelo patrio desde su cuartel general instalado en Gaucín.
En
el anonimato pertenece no obstante la figura de un guerrillero que
merced a su intervención cambió los destinos de la
ocupación de Ronda por el ejército enemigo. En un
caluroso día de agosto de 1812, el gobernador francés
de Ronda, coronel del Regimiento 43 de Línea, Marcel Baussain,
militar de confianza de José I, decidió crear una
avanzadilla fuera de la población para lo que se hizo seguir
por algunos de los suyos. Quería dar ejemplo a los soldados
que no se aventuraban a salir de la población por el temor
de ser abatido por los guerrilleros. Montando en su caballo, salió
por la parte del convento de la Merced, bordeando el Tajo. No pudo
llegar muy lejos. Un tiro procedente de un montículo cercano
dio con el corcel en tierra, acabando con la vida del militar galo.
Cundió el pánico y las tropas invasoras se replegaron
semanas después hasta Loja y Granada. El guerrillero anónimo
había logrado liberar a Ronda de los tentáculos del
déspota invasor.
Obligado es rendir homenaje, siquiera sea con el recuerdo,
a aquellos hombres que se opusieron a ser pisoteados por las botas
de un ejército allende fronteras, truncando con su gallardía
buena parte los sueños y las aspiraciones en la Península
del ambicioso emperador corso-francés.
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