"De casta bravía"
Diario Sur 1 Abril 2002 Almudena Salcedo/Ronda

Gaucín pone punto y final a la austeridad de la Semana Santa con la suelta de un toro ensogado.
Miles de personas se dieron cita el Domingo de Resurrección en la localidad malagueña de Gaucín, en el valle del Genal, para participar en la fiesta del toro, una tradición centenaria que marca cada año el final de la Semana Santa.

Un novillo bravo, con cuerdas atadas a las astas, recorre las calles del municipio seguido por la muchedumbre que con gritos y palmas anima al animal a ir por el camino marcado. Los más valientes incluso se atreven a realizar desplantes ante el toro, consiguiendo así el aplauso y la admiración de quienes han decidido disfrutar del espectáculo desde la barrera. Esta fiesta lleva a los más bravos a intentar coger o tocar las sogas que prenden de los cuernos del astado, que, tras dos horas de carreras, volverá al cajón de donde salió en medio de las muestras de valor de los vecinos del pueblo. Ahora son dos toros los que recorren la localidad, uno por la mañana y otro por la tarde pero, cuando esta fiesta comenzó a celebrarse, hace ya 200 años, era un animal por cada gremio, de modo que cada oficio disfrutaba de su propia suelta.

Cuando las gentes ya están cansadas y el novillo ha vuelto al cajón, los bares del pueblo, que hasta entonces han permanecido cerrados, abren sus puertas para que todos puedan disfrutar de un día de fiesta y alegría con el que ponen punto y final a la austeridad de la Semana de Pasión. De este modo, Gaucín congregó un año más a miles de personas que no quisieron perderse las carreras y el alegre colorido de una fiesta típicamente española.