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MOTRIL COFRADE, revista de la Semana Santa de Motril
(Granada) dedica seis páginas a SAN JUAN DE DIOS Y SU SANTO
NIÑO DIOS.
La
revista Motril
Cofrade, dirigida
por D. José Luis Bosch Posadas, en su número 12 ha
insertado un árticulo sobre la tradición, historia,
sentimientos y devoción que los gaucinenses profesan a San
Juan de Dios y su Santo Niño Dios, que con el título
de " San Juan de Dios y su Santo Niño Dios"
reproducimos en este espacio.
En el mismo número
de la Revista se insertan otros artículos sobre aspectos
de la Semana Santa motrileña y sobre distintos Niños
venerados en distintos lugares de Andalucía: Niño
Jesús de Beas de Granada; Niño Jesús perdido
de Antequera; Niño Jesús de Baeza, y especialmente
sobre el Dulce Nombre Jesús de Motril, que en palabras de
la editorial ha recogido la siguiente reseña sobre la historia
de su Niño:
<<Han
transcurrido quince años desde que se reorganizó la
procesión y Cofradía del Dulce Nombre de Jesús.
Aquellos niños, son hoy adultos; adultos con almas de niños.
Mantinen la sencillez de entonces y el corazón abierto a
los demás, como cuando eran niños; como los niños,
que disfrutan al máximo sus vivencias, que olvidan con prontitud,
que tienen facilidad en el perdón, que aman a sus semejantes,
que no manifiestan valor por lo material. Aunque seamos mayores,
sigamos siendo niños; no es un paso atrás, ni una
parada de la marcha hacia delante, es recuperar el alma de niño>>.
Reproducimos
el artículo publicado.
GAUCÍN Y SU SANTO NIÑO DIOS.
Teodoro de Molina de Molina
Sevilla, 1 de Enero de 2005.
Desde
lo más alto, observa. Se recrea y sigue la conducta de un
hombre nacido Montemar-o-Novo. Le estudia como espía estudia
los pasos de su objetivo; como felino, entre pastizales, clava su
aguda mirada en los gestos y momentos de su próximo bocado;
le mantiene la mirada continuamente, igual que el ojo de puente
mira el paso del agua entre su vetustos muros de piedra labrada
a manos de canteros.
Por los vericuetos del mundo, donde, y como él quiso vivir,
es permanentemente acompañado nuestro portugués ;
por tierras de Castilla mientras ejerce de pastor en Oropesa; por
los tortuosos caminos de la tragedia durante la batalla, en Fuenterrabía
y Viena, contra franceses y turcos; entre dehesas lusas cuando intenta
reencontrase con sus orígenes, a los que no encontró
por hallarse en Gloria de Dios; en su viaje a orillas del Guadalquivir
para sentir el vaivén de la cosmopolita ciudad en azarosa
tarea de ida y vuelta a tierras recién conquistadas para
la corona de Castilla; al norte de África donde comienza,
en Ceuta, una tímida transformación de su agitada
vida sin rumbo, -"episodios
confusos y poco clarificados", que le llaman
sus biógrafos-; por los caminos del Campo de Gibraltar donde
se gana el sustento como vendedor de historias y leyendas; por los
caminos y veredas -en
malísimo estado,
que ni las caballerías
pueden transitar, decía Madoz, allá por
1844- que suben desde el río hasta Gaucín.
Pero,
¡he aquí! Quién desde lo más alto diseña
esta obra, define que ha llegado la hora de ayudar al librero. Le
arregla el guión por no parecerle del gusto de la época,
rescribiendo un nuevo papel que se ajusta al personaje como anillo
al dedo. Enfoca definitivamente el destino del alentejano, orientando
su vida mediante la reflexión y ayuda al prójimo,
en tierras de la taha del Darro.
Para ello, y siempre desde lo mas alto, prepara las cosas de tal
forma que nuestro personaje no volverá a dudar nunca jamás.
Los Hechos.-
De esta manera, según nos cuenta
la tradición, ocurrieron los hechos en el renacentista año
de 1536:
Cierto día de ese verano, nuestro
personaje, Juan Ciudad, se encaminaba a subir a Gaucín para
vender su pesada carga de libros. Cuando mayor era el calor y más
sufrida la caminata, agravado por el peso y el enorme desnivel que
presentaba el camino de Gibraltar a Gaucín, en el tramo que
une el río Genal con la Villa -entonces, Plaza de Armas de
la Casa de Medinasidonia en territorio serrano-, justo hacia la
mitad de tan abrupto paraje, denominado por los lugareños
La Adelfilla, ocurrió lo que nos cuenta la tradición,
y que a finales del S XIX, nos dejó escrito el cronista oficial
de Gaucín D. Ubaldo de Molina Fernández:
<<sucedió
que de lo más intrincado del monte y cuando menos lo esperaba
vio salir un lindo niño de muy pobre atalaje que, con sus
piececitos descalzos, caminaba por la misma senda adelante.
Considerándole
extraviado, Juan Ciudad, y temiendo que los abrojos del camino
desgarrasen aquellos tiernos piececitos, más que el marfil,
blancos, con más caridad que criterio le invitó
a que calzase sus enormes alpargatas, cuya oferta agradeció
el niño sin aceptarla, pues de la punta al talón
podía muy bien sentarse dentro; pero como el candor y extraordinaria
hermosura del tierno infante atraían y fascinaban cada
vez más, a Juan, enternecido le dijo:
"Niño
precioso y hermano, si no os sirven mis alpargatas, servíos
de mis hombros, que más justo será lleve en ellos,
lo que a Dios tanto costó, que libros que tan poco valen",
y esto diciendo, como no fuesen vanas sus palabras, bajó
la cerviz para que aquel subiera, y así lo hizo el rapazuelo,
prosiguiendo ambos la marcha, descansando el pequeño, y
ufano aquel buen Juan, que tal descanso le proporcionaba.
Más
a poco, el que de pastor fue soldado con el Conde de Oropesa,
después peón de albañil, era librero y había
de ser fundador de una Orden, consagrada a la caridad, en Granada,
sintió como S. Cristóbal en otro tiempo, se le hacía
aquella ligera carga, harto pesada, y comenzó a alentar
y desfallecer, y buscar apoyo en la cayada hasta que al cabo topándose
con una fuente conocida por la Adelfilla, que en un risco aún
brota, a la derecha del antiguo camino de Gibraltar dijo:
"Niño precioso y hermano, dadme licencia para beber
un poco de agua y descansar, que me habéis hecho sudar".
Bajó el niño incontinenti, púsole Juan al
abrigo de un árbol y fuese al manantial con ímpetu
de sediento; pero al volver satisfecho queda gratamente sorprendido
al oír lo llaman por SU nombre y ver en el pobre chico
la Grandeza y Majestad del Dios-Niño alargarle una granada
entreabierta, coronada con su Cruz, al mismo tiempo que a grandes
voces le dice: "te llamarás Juan de Dios. Granada
será tu cruz. Testimonia este hecho de mi aparición
legando a Gaucín una Imagen que me represente Niño",
y diciendo esto desapareció cual nubecilla de nácar.
Repuesto Juan
de su natural sorpresa, y presuroso en obedecer la Divina Voz
que le dirigía a la ciudad de la Alhambra, ya no hubo reposo
para su cuerpo y corazón, hasta llegar a [la] expresada
ciudad, donde pasado el tiempo de sus pruebas y fundado que hubo
el hospital de su nombre inmortal, siendo su deseo constante cumplir
los designios de la Providencia trató de ver realizado
tan acariciado proyecto de hacer ofrenda de una Efigie del Niño-Dios
al pueblo afortunado en que gosara [gozara] de la milagrosa aparición
del Niño Jesús para lo que, aprovechando la ocasión
de haber de salir por Andalucía a recoger limosnas para
sus pobres, adquirió la Sagrada Imagen del Niño
que aún poseemos.
Llegado
a Ronda cambió caritativamente su ordinario vestido con
el de un pobre soldado de la Ciudad, y con tal disfraz, llevando
envuelta, cuidadosamente su pequeña imagen, se encaminó
a Gaucín pernoctando en el mesón de los Álamos,
sito en la hoy calle Luis de Armiñán.
Al alba del para nosotros memorable y trascendental día
ocho de septiembre de los años 1540 al 46, festividad de
la Natividad de Nuestra Señora, y en ocasión de
hallarse la guarnición del vetusto Castillo del Águila,
que sirvió de defensa a esta población, oyendo la
Santa Misa en su Ermita de la Encarnación (primitiva mezquita,
que aún subsiste dentro de los muros de aquel, convertida
en capilla católica, al ser tomada de los moros la villa,
por su primer Alcalde cristiano, el Capitán Pedro del Castillo,
el 27 de Mayo de 1485, cuyo nombramiento recibió éste
en Ronda del Rey Católico, D. Fernando V de Aragón,
penetró en el recinto murado sin ser visto por los centinelas
y sin decir palabra, entrando en el templo avanzó hacia
el Altar del Celebrante, sin extrañeza de éste,
y colocó sobre aquél, la preciosa Imagen del Niño
Jesús>> (1).
Con esta experiencia, Juan Ciudad, dejó
sus dudas en La Adelfilla y cumplió sin reservas lo que el
Santo Niño le había encomendado. De Gaucín
a Granada para dedicar su vida a hacer el bien por los más
necesitados dando amparo a los enfermos. Su ejemplo diario dio lugar
a la creación de una Obra que, aún hoy, sigue los
pasos del fundador y que, como en el dieciséis, mantiene
el mismo fin caritativo proporcionando afecto al desanimado.
Desde ese día Gaucín arde en deseo de servir en devoción
al Santo Niño Dios. Los hechos oído de sus padres,
quienes, a su vez, lo aprendieron de sus abuelos, igual que estos
los transmitieron por haberlo sabido de sus antepasados, son fielmente
reproducidos cada año, sin apenas variaciones desde hace
casi cinco siglos. No importa que la población se haya reducido
en más de dos tercios. Los devotos del Santo Niño
siguen haciendo Fiesta, el 8 de septiembre, en Gaucín, o
donde se encuentren, para acompañar a su Niño, con
el mismo entusiasmo con que lo hizo el Santo portugués, y
el narrado por el cronista en su escrito de finales del XIX.
Gaucín y los gaucineños, así como un gran número
de paisanos de los pueblos de alrededor, siguen disfrutando de esta
conmemoración religiosa porque el cuerpo se lo pide, porque
sus creencias lo necesitan para mantener el alma alimentada. Por
eso siguen fieles a la tradición contada. Por eso y, especialmente,
porque creen de corazón que el Niño de La Adelfilla
es el Niño Dios.
La Imagen.-
La imagen del Niño, -solo
nos queda una foto, la realizada sobre 1920 por D. Juan Temboury
Alvarez-, fue depositada, según la tradición, por
el propio Juan Ciudad, en 1546, en una visita que realizó,
ex profeso, al Castillo del Águila. Su descripción
la realiza magistralmente el único documento que poseemos:
<<vestido
con sencilla túnica, potencias, en la mano izquierda un mundito
de cristal y la derecha en actitud de bendecir (cuya linda Efigie,
por lo correcto y espiritual de sus líneas, es considerada
como una maravilla del Arte Cristiano y parece pertenecer a la Escuela
Sevillana fundada en la mitad del siglo XVI por Pedro Torrigiano,
que trabajó también en aquella época en la
ciudad de los Cármenes>>.
Con posterioridad, durante el reinado
de "Pepe Botella", en 1810, fue despeñada por los
franceses en uno de los diversos asaltos que éstos realizaron
al pueblo y su castillo <<lo
despojaron de sus ricos vestidos y valiosas joyas que después
vendieron a vil precio en Ronda, y ultrajándola y dándole
un bayonetazo en su Divino Rostro, cometieron el más execrable
de todos los delitos, arrojándola con vilipendio a los inaccesibles
peñascos que rodean las murallas del fuerte, que dan cara
al río Genal, donde permaneció oculta por espacio
de dos años>>; fortuitamente encontrada
por Doña Ana Jiménez Orozco, fue restaurada y puntualmente
venerada cada 8 de septiembre por todos los gaucinenses, durante
el siglo XIX y primer tercio del XX.

Pero, en los primeros acontecimientos
de la guerra civil española, la imagen desaparece definitivamente.
Dos son las versiones que circulan entre los mas viejos del lugar:
Por un lado están los que manifiestan que la imagen es consumida
por las llamas en una pila creada al efecto. Otros, que un alma
caritativa y devota del Santo Niño la recoge para entregarla
al pueblo en momento mas sosegado. El resultado final nos muestra
una solución incompatible con los deseos de la totalidad
de los devotos del Santo Niño, aunque existen personas, entre
las que me encuentro, que albergan ciertas esperanzas de que la
imagen vuelva algún día a su trono natural, la Ermita
del Castillo del Águila.
El 7 de septiembre de 1937 los Hermanos de San Juan de Dios, de
Granada, donaron y entregaron, a la Parroquia de San Sebastián,
una imagen del Santo Niño tallada en madera, adquirida, según
nos manifiesta D. Miguel Vázquez González (2), por
la Orden Hospitalaria en una casa de antigüedades de Granada.
Esta imagen, posiblemente presente hoy, en algún lugar de
la iglesia parroquial es la que se utilizó para los actos
litúrgicos y procesionales hasta avanzado los años
sesenta, cuando el párroco, D. Juan Jiménez Higueras,
consigue una nueva imagen para la ermita, que es la que pose Gaucín
actualmente.
La Fiesta.-
De siempre la fiesta se ha celebrado alrededor
del día 8 de septiembre. Comenzando, el día 7 de septiembre,
víspera de la conmemoración de la aparición
del Niño, con la bajada de las imágenes del Santo
Niño y San Juan de Dios desde la fortaleza del Castillo del
Águila hasta la Iglesia Parroquial de San Sebastián.
En la Iglesia se celebraba un acto litúrgico, y una vez terminado
éste daba comienzo la fiesta civil, con bailes en la Plaza
del Pueblo, en el Corral del Concejo y en el Salón Molina.
El día grande, el día 8, amanecía con "diana
floreada" por las calles del pueblo, cohetes, y otros elementos
que, hacían recordar al vecindario en las primeras luces
del alba, el comienzo de uno de los días más grande
del calendario.
A
partir de ese instante, todo el mundo preparaba sus mejores galas
para procesionar a su patrono el Santo Niño en compañía
de San Juan de Dios. Durante la mañana las familias subían
a la Iglesia a rendir cuentas y dar gracias, en una acción
de pleitesía reverente, por el hogaño agrícola,
profesional y familiar.
A eso de las cinco de la tarde las imágenes
salían de la Iglesia parroquial, recibidas por la banda de
música que les tocaba el himno nacional, supongo que épocas
anteriores sería el himno de Riego -esto último no
me consta-. A partir de ese momento todo el pueblo acompañaba
a los Santos. Las mujeres en riguroso orden, en fila, portando cirios
encendidos y cánticos alegóricos al Niño. En
contraste con otras procesiones de la villa, -Semana Santa, Corpus
Cristi-, el Santo Niño recorría todo el perímetro
interior del pueblo, pasando prácticamente por todas las
calles de Gaucín. Sobre las ocho treinta de la tarde el Niño
después de volver a la puerta de la iglesia de San Sebastián,
comenzaba su regreso a la fortaleza, donde los jóvenes pugnaban
por coger las andas del trono, o paso como le llaman en Sevilla,
para hacer el último esfuerzo. El Niño llegaba a las
puertas del Castillo entre vítores de los devotos y cánticos
de la muchedumbre que, agolpada entre los tajos, piedras y canchos
del camino, acompañaban al Santo Niño para celebrar
en la ermita el segundo día de novena. Con la noche casi
cerrada, los gaucineños se resisten a dejar a su Imagen entre
muros y almenas de fabricación sarracena. Se produce ese
momento mágico donde el pueblo asume que ha llegado la hora
de la despedida, la hora de dejar a su Niño entre torres,
murallas y garitas militares. Cinco siglos de tradición han
hecho comprender que entre esos muros de adobe y piedra se encuentra
el lugar, el sitio, donde el Santo de Granada quiso que estuviera
nuestro Santo Niño.
Desde ese día el Santo Niño figura en los corazones
de las gentes como el defensor de todo un pueblo; aquel al que hay
que recurrir a la hora de pedir agua cuando la tierra tiene sed;
al que, necesitados de luz porque la noche es oscura, pedimos que
ilumine y reconforte nuestras conciencias dándonos un claro
día de primavera; aquel al que solicitamos recomendación
para afrontar la decisiva hora del hombre en su balance final; al
que las madres le piden que sus hijos caminen por sendas que les
lleven al paraíso; para pedirle soluciones a los problemas
sobre los que los hombres no tienen respuestas y para reflexionar
conjuntamente sobre temas que transcienden de lo terrenal.

Por delante un año de intensa espera para poder tener cerca
a su Niño, tan cerca como la esperanza de tocar el cielo
nuevamente desde la torre del homenaje que cobija el campanario
que llama a la salvación.
De esta forma, los gaucinenses, desde hace
casi quinientos años, celebran tanto el encuentro de La Adelfilla,
como el regalo de la imagen donada
por Juan Ciudad.
La Fiesta de hoy no difiere mucho de la
que se viene celebrando desde la memorable fecha de 1536. Solo se
le ha añadido la romería al lugar del encuentro el
último domingo de agosto. Esta se celebra desde hace ya cuarenta
años, justo desde que el Padre Juan Grande Nebreda, Hermano
de San Juan de Dios, tuvo la feliz ocurrencia de proponer a la Junta
de Gobierno de la Hermanda del Santo NIño, el proyecto de
edificar una ermita en el Lugar. Proyecto que parió, supervisó
y mimó hasta el mismo momento de su inauguración.
El día en que el maestro de obras, el gaucinsense D. José
Delgado Rodríguez, le llamó para que certificara la
finalización del proyecto, el Padre Juan Grande Nebreda al
contemplar la obra terminada, no pudo contener sus emociones y delante
de todos los que le acompañaban dejó para siempre
en el aire de la Adelfilla y en la memoria de los paisanos presentes
la siguiente frase:
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"Fruto
de mis sudores/
Esperanza
de mi cariño/
Alegría
de mi corazón".
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Con estas palabras expresó el inmenso
sentimiento de felicidad que le produjo la obra terminada en el
Lugar del Encuentro, colofón de toda una vida religiosa dedicada
a los más débiles; dando gracias por el amor recibido
de su fundador hacia los sitios por donde éste caminó
en busca de una señal que le dirigiera hacia lo más
alto.
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Gloria
a ti, hermoso Niño
Amparo
de mis pesares,
Con melodiosos cantares
Te celebramos aquí.
(3)
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Notas Bibliográficas.-
1.- CRÓNICA
DEL SANTOS NIÑO. Ubaldo de Molina Fernández. www.gaucin.tv
2.- DON
JOSÉ GUTIÉRREZ JAÉN. EXPOSICIÓN ICONOGRÁFICA
EN LA IGLESIA PARROQUIAL DE SAN SEBASTIÁN DE ESTA VILLA,
TRAS LA GUERRA CIVIL. Miguel Vázquez González. http://usuarios.lycos.es/gacetadegaucin/colaboraciones.html
3.- LETRILLAS
AL SANTO NIÑO DE DIOS DE GAUCIN. Ignacio Garrido Montilla
( GAUCÍN 1885). Ayuntamiento de Gaucín y Diputación
de Málaga.
4.- Fotos: Gaucín.tv;
Jesús Martín de Molina; Salvador Martín de
Molina; Juan Temboury Álvarez; Orden Hospitalaria de San
Juan de Dios; Gaucín.com.
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