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RESPUESTA .-
La Asociación del Magisterio responde
el día 14 de Septiembre de 1876 a Cañamaque:
El
Sr. Cañamaque, en su libro "Recuerdos
de Filipinas" inserto en El
Pueblo Español, dice -a propósito de alguna visita
que hizo a una escuela de aquel Archipiélago y con motivo de haberle
parecido el maestrillo algún
tanto presumido- que los dómines
de villorrio (también nos llama así el Sr. Cañamaque)
somos todos vanidosos, que nos creemos poco menos que Salomones y que
semejante pedantería es común a todos los maestros de este
mundo y aun se teme que a los del otro, caso de que en el otro mundo haya
maestros; pues, como el dice también, eso de morirse de hambre
y ser el anima vilis de todo
bicho viviente (Sr. Cañamaque inclusive) es bromazo que solo pueden
aguantar los mentores de este mísero planeta. Y todo esto lo dice
después de llamar a la escuela casa
augusta del porvenir. Pues , señor mío ¡bonito
porvenir le espera al mundo si de una clase tan vanidosa ha de obtenerlo!
¿No conoce el Sr. Cañamaque que de maestros pedantes jamás
pueden salir discípulos modestos y sencillos? Vamos, este escritor
no habrá querido decir lo que en su libro se lee, de otra suerte,
no comprendemos como teniendo de todos nosotros tan pobre opinión
se atreve a esperar que de nuestras modesta
cuando respetabilísimas casas (este es el nombre que el
da a la escuela) haya de salir el porvenir del mundo civilizado. Que estas
preciosas flores nos fuesen
regaladas, y esto en época de no muy grata recordación,
por Ortí y Lara, pase, al fin este señor estaba en su centro
(permítasenos la frase) injuriando a una clase que detestaba --Ortí
y Lara, filosofo nacido en Marmolejo (Jaen), catedrático de metafísica
en la Universidad de Madid, director de El Universo desde donde difundía
sus ideas integristas, confrontando las corrientes reformistas de la época--;
mas por un redentor de sociedades,
por Dios, señor demócrata, que esto no se comprende; y luego
dirá Vd. que de la educación popular depende la regeneración
del género humano. ¡Como si la educación no llevara
siempre en si misma los defectos más notables o de carácter
de sus propagadores! Vamos, Sr. Cañamaque, vuelva Vd. sobre lo
que, sin quererlo tal vez ha dicho, vea si en efecto somos todos los maestros
tan pedantes como Vd. supone; y si después de examen que le proponemos
sigue todavía encontrando en nosotros la misma vanidad que hasta
ahora, no busque entonces el porvenir del mundo civilizado en las escuelas,
sino, como dicen las teologías,
en las místicas abstracciones de una sociedad de ascetas y penitentes.
Pero no, estamos seguros, segurísimos, de que si el Sr. Cañamaque
reflexiona detenidamente sobre lo que de los maestros ha dicho, cambiará
de opinión; pues no es fácil que a su claro talento se oculte
la imposibilidad en que se encuentran de ser vanidosos y pedantes, quienes,
como los pobres maestros, se mueren
de hambre y son el anima vilis de todo bicho viviente.
Foto.-
Calle de Casares. Jesús Martín
de Molina
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