"Una carretera con vistas"

Diario Sur. 14 de mayo de 2006

PILAR R. QUIRÓS

 

Asomarse a la carretera paisajística de Ronda a Gaucín es caer de lleno en el variopinto valle del Genal. Aunque sigue en obras y los vecinos protestan por la caída de muros hay que ser capaz de ver lo que habrá en el futuro: un gran mirador desde el que otear estas poderosas montañas.

Cuando se va a Ronda desde la capital hay que tener la capacidad de relajarse. De olvidar las prisas y el estrés y asumir que el tiempo en la serranía se detiene. Antaño, llegar a Ronda era un viaje. Un viaje en el que se podía tardar hasta varios días en mulos. Hoy, afortunadamente, no llega a dos horas.

Pero Ronda no es el fin. Es sólo el principio de una bellísima carretera paisajística, que aún no está terminada y en la que se han hundido varios muros -que se arreglan en la actualidad- pero en la que hay que ser capaz de ver lo que habrá en un futuro: un inmenso mirador desde el que asomarse al valle del Genal. La carretera paisajística que la Junta construye desde Ronda a Gaucín, la A-369, transcurre por 37 kilómetros. Este camino podría tener la calificación de vía verde y llegar a ser una válvula de escape para los urbanitas que quieren perderse entre los verdes amarillentos de los castaños, el claro de los almendros, los verdes agitanados de las encinas, y los verdes grisáceos de los alcornoques, «como un hombre que ya ha llegado a su madurez», según explica con mucho cariño al visitante el jefe de Gestión del Medio Natural de la Junta, Miguel Ángel Catalina, que se presta a ser el guía por este sendero, el que recorre el río Genal dando vida a este valle. Un enclave donde todavía no ha llegado el urbanismo exacerbado y feroz, y las casas y los pueblos mantienen su fisonomía tradicional. Toda una alabanza, ya que decenas de construcciones sin sentido en el valle del Guadalhorce y en la Axarquía amenazan con destruir el paisaje de estos pueblos. Su identidad, lo auténtico.

 

Elementos coquetos

Desde la salida del barrio de San Francisco, en Ronda, hacia la A-369 ya se aprecia que no es una carretera al uso. La coquetería llega hasta el extremo de que los quitamiedos están forrados de madera para esconder el vil metal, los muros son de mampostería hidráulica (piedras superpuestas unas encima de otras) y los hitos kilométricos son de piedra. Además, durante el recorrido casi una decena de cuidados miradores son perfectos para apearse del vehículo, admirar las vistas y empinar una bota de vino llena de agua fresquita.

Al principio, tras salir de Ronda, el paisaje está más desnudo. La roca caliza sólo deja pequeños alcorques de tierra de gran riqueza en los que crecen lozanas encinas. Pero, la primavera ha llegado al Genal y el camino se salpica de jara pringosa, amapolas, narcisos y majuelos. En el margen de la carretera, ejemplares jóvenes recién plantados de chopos, fresnos y sauces. Y en medio de un frondoso romero se esconde una mantis religiosa. Las risas asoman a las caras de los visitantes. De todos es sabido que la hembra de mantis religiosa, al terminar el acto amoroso, depreda a su pareja. Vamos, que se la zampa. Por eso, los hombres de la expedición mantienen, jocosos, una distancia prudencial.

Camino hacia el puerto de las Encinas Borrachas. Y, obviamente no es que estos árboles se 'alpistelen' (como dicen los mayores en Málaga), sino que el viajero tras pasar por tantas curvas acaba mareado, por eso al llegar a este puerto de montaña ve las encinas moverse.

 

De ahí la toponimia.

El puerto es una formación kárstica como la de El Torcal de Antequera. «Un torcalillo», subraya Miguel Ángel, mientras se para a ver el increíble gusto con el que han restaurado una casa debajo de estas montañas. Con piedra de mampostería a hueso, pequeñas ventanas y una gran puerta de madera maciza. El gusto estriba en la capacidad para mantener y mejorar lo que había. En la puerta, su propietario ha plantado encinas y olivos alimentados eso sí, con riego por goteo.

En el camino, Pepe, otro de los viajeros, oriundo de Ronda, se para. «Mira, tagarninas, a esta planta se le quitaban las espinas y se hacían unos pucheros buenísimos, el único problema es que se ponían muy negros», subraya.

 

Mirada a sierra Bermeja

Uno de los miradores, el del Fraile, se asoma a las montañas de sierra Bermeja, donde el Genal (Genalguacil) se une con la Costa (Estepona) sobre un sustrato único: las peridotitas, unas piedras magmáticas muy escasas en el mundo que se crearon en el manto de la Tierra y salieron a la superficie a través del empuje geológico a lo largo de millones de años. Hoy, la bruma se cuela en sierra Bermeja y las nubes impiden ver bien su cumbre.

En la parada, unas cuantas almendras o castañas propias de este valle son siempre buenos recursos para acallar los estómagos. Durante el pequeño asueto resulta muy curioso leer la leyenda de este mirador: se llama así porque «un fraile se aparecía en noches oscuras y de tormenta portando una antorcha. El religioso, con voz de ultratumba, se acercaba y pedía una limosna por Dios y desaparecía. Un viandante atrevido le quito el hábito y vio una pálida y aterradora calavera». Si se va con niños, esta parada enfocará un viaje con muchas perspectivas: la de intentar averiguar, tras interminables preguntas, quién era el fraile, de dónde venía, por qué se aparecía. Así que seguro que habrá tema de conversación.

Otros dos miradores, Cañada Honda y Atajate, caen de lleno sobre el castañar, que es un monocultivo en todas las laderas que miran al norte. «La castaña de Málaga es la primera que madura en España, y al ser muy grande y muy dulce tiene un gran mercado para la repostería y para la elaboración de platos», afirma Catalina mientras señala los castañares. Así que las más de 4.000 hectáreas de castaños que pueblan este entorno son el máximo exponente un desarrollo sostenible rentable.

Como indica el guía, las castañas y las higueras son dos árboles frutales eminentemente árabes.«Para los árabes, el huerto y el jardín son la representación terrenal del paraíso, debiendo gustar a los cinco sentidos, por lo que tienen que ser agradables a la vista, al tacto y olfato; deben saciar el hambre; rumorosos por la brisa, el canto de los pájaros y el sonido del agua», puntualiza Catalina dando una pincelada del gran huerto-jardín que es el valle del Genal. Es más, la huella andalusí se aprecia en sus pueblos. Sus estrechas y empinadas callejuelas, los nombres de sus municipios, la arquitectura de sus casas -algunas con pequeños miradores como si fuesen alminares o minaretes- hablan de sus orígenes. Y su forma de vida volcada al castañar demuestra que todavía conservan con orgullo los restos de un pasado que dejó huella en este valle.

En Benadalid, una encina espectacular, de esas que atesoran más de 200 años, como bien explica el guarda mayor del valle, Pepe Moreno, da la bienvenida al visitante. En la parada, unos niños se bajan de un autobús. Vienen del instituto de secundaria Valle del Genal. ¿Qué felices crecerán alejados del mundanal ruido!, dice uno de los viajeros. El hambre empieza a hacer mella. Y la parada obligada es en el Mesón 'La Molienda', una antigua almazara restaurada con mucho encanto. Revuelto de verduras, croquetas vegetales y mousse de chocolate con castañas. Todo muy natural.

Parada en Benalauría

Tras Benalauría aparece Algatocín. Parada en el mirador Puerto del Espino, con unas preciosas vistas a Cortes de la Frontera, uno de los privilegiados pueblos del parque natural Los Alcornocales.

El día va cayendo en el camino hacia Benarrabá. Pero antes, un poderoso alcornocal se asoma al lado derecho de la carretera. Debajo, el cerdo ibérico por excelencia engulle sus frutos. Los helechos asoman a los pies de los alcornoques creando un curioso manto verde.

El sol se mece detrás del castillo de Gaucín, que reina sobre el promontorio sobre el que se levanta el pueblo. Tras Gaucín, un gran puente que cruza el río Guadiaro, del que es afluente el Genal. Bajada hacia la Costa, donde el tráfico intenso es una vuelta brusca a la realidad. La paz se queda cobijada entre las imponentes montañas del Genal. Donde el tiempo se degusta, se destila gota a gota.

 

FOTOS.- Gauciín.tv