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José
Manuel de Molina Bautista presentó el pasado jueves 24
de noviembre, su libro "Historia de Alhaurín de la Torre
en la Edad Moderna, 1489-1812", su primera obra que recorre
los aspectos más destacados de la historia alhaurina en esos
siglos.
El acto fue celebrado en el Centro Cultural Vicente Aleixandre
y contó con una nutrida representación de autoridades y representantes
de todos los partidos políticos presentes en el Consistorio,
así como numerosos vecinos, amigos y familiares, en total
casi 200 personas que abarrotaron el Salón de Actos.
La presentación fue realizada por el concejal de Cultura,
Julián Sesmero Carrasco, que destacó el trabajo del autor
"lleno de orgullo por este tratado histórico que merece
ocupar uno de los mejores lugares de la estantería de cada
casa".
A continuación intervino José Manuel de Molina agradeciendo
la colaboración que habían prestado diversas personas, entre
ellas los historiadores jesuitas José Antonio Morillas y Wenceslao
Soto, el profesor de la Universidad de Málaga, Manuel Hijano,
y los historiadores locales Manuel López y Federico Ortega.
También destacó que este era el "año literario"
de la saga De Molina procedente de Gaucín, pues además de
su obra, el pasado viernes 18 de noviembre, su primo Teodoro
R. Martín de Molina presentó su obra "El caballero de
la triste figura", una versión libre en romance de la
primera parte de El Quijote, y el 15 de agosto fue Salvador
Martín de Molina el que presentó su libro "Gaucín",
dedicado a la figura de Serrano Valdenebro.
De Molina se presentó "emocionado, humilde y satisfecho",
destacando que además de alhaurino de adopción se consideraba
"alhaurino de corazón", destacando su "compromiso
por Alhaurín de la Torre para investigar su historia, y sobre
todo, para conocer a sus gentes", y afirmando que "más
importante que los documentos son las personas, e insisto
en recuperar nombres y apellidos, oficios y lugares, para
que los alhaurinos de hoy identifiquen a los de ayer y reconozcan
a sus antepasados, recuperando la memoria de personas y lugares
hoy desaparecidos, y para que hagan suyo este libro".
A continuación repasó uno por uno
los siete capítulos en que se divide su obra, más un completo
apéndice documental, destacando los aspectos más interesantes
mientras en una pantalla gigante unas imágenes acompañaban
sus palabras.
En el primero, detalla las principales
fuentes a las que podemos recurrir para hacer una investigación
histórica. Es una orientación para animar a todos los que
quieran a investigar por sí mismos, destinada a mayores y
jóvenes, al estudiante y al aficionado, para que se multipliquen
los estudios y el interés por la historia de Alhaurín de la
Torre.
De Molina dijo que aún queda mucho
por investigar y descubrir, "y digo descubrir porque
los archivos tienen miles de documentos que hablan de Alhaurín
de la Torre, pero como sólo hay breves índices de un legajo
y no información detallada del contenido, cuando las hay,
tenemos que tener paciencia y tesón para seguir la tarea y
continuar esta particular búsqueda de tesoros en forma de
papel".
En
el segundo capítulo arranca con el fin de la Edad Media y
la conquista de Málaga por los Reyes Católicos.
Alhaurín el Grande fue tomada en
1485 y Málaga en 1487. Entonces el pueblo era una alquería
llamada Alaolin o Laolin, con una serie de casas, numerosos
molinos, torres vigía y una mezquita.
Como este libro trata sobre la Edad
Moderna José Manuel de Molina ha querido considerar que esta
era empieza en este pueblo cuando se producen los Repartimientos,
el reparto que los conquistadores hacen sobre las propiedades
de los vencidos, configurando así la economía y la sociedad
local en los siglos venideros.
Sin embargo antes de pasar a los
Repartimientos, recuerda la figura de un malagueño que quizás
naciese en esta localidad, se trata del historiador y erudito
Ibn Askar, del que se sabe nació en una alquería de la Algarbía,
esto es de la comarca al oeste de la ciudad de Málaga, en
el año 1189.
Si Ibn Askar nació en la alquería
de Alaolin aún no lo sabemos, pero es una interesante vía
de investigación que puede desarrollarse en el futuro, y si
así fuera estaríamos de enhorabuena porque fue un personaje
importante en época almohade.
Piensen que otro personaje andalusí,
el botánico Ibn al Baytar, se sabía que nació en Málaga pero
no exactamente dónde, y hace pocos años se demostró que había
nacido en Benalmádena, y allí han estado prestos para reivindicar
su figura y su obra.
En este capítulo primero se incluye
otro documento hasta ahora desconocido y que halló en Toledo,
se trata del más antiguo que habla del pueblo aparte de los
Repartimientos de Málaga, está fechado en 1489.
Después describe de otro asunto que
antes caía en la tradición y la confusión: el origen del nombre
de Alhaurín de la Torre.
Ya José Baquero introdujo en su obra
que el topónimo procedía del árabe Al Hawariyyin, como también
recordó en el ciclo de conferencias que hoy clausuramos, y
efectivamente esta teoría la mantuvo Don Agustín Hevia Ballina,
presidente de la Asociación de Archiveros de la Iglesia Católica,
durante la recepción que organizó el Ayuntamiento en septiembre
de 2004.
En esta obra aporta la localización
del origen de la tribu beréber que pobló esta comarca, en
el norte de Marruecos, cerca de Arcila, y continúa con un
bello mapa de 1795 donde aparece Alhaurín de la Torre, destacando
también antiguas descripciones de viajeros o informes oficiales,
que describían cómo era el pueblo en los siglos XVIII y comienzos
del XIX.
Después habla de la mezquita, describe
como era la torre del pueblo, la casa del conde de Puertollano,
distinta a la actual, y que era en su origen una casa fuerte
con otra torre. Los molinos, fotos de los restos que se conservan,
y aquí hizo un ruego a las autoridades, "que no hagan
lo posible por conservarlos, que los conserven, que los integren
en el urbanismo actual y que restauren al menos los que se
conservan mejor".
También se describen cortijos, casas
y huertas, cómo era el riego de la Fuente Grande en 1665,
el mesón, el puente del rey, en definitiva la geografía descriptiva
y humana en aquella época.
En el tercer capítulo De Molina trata
la demografía y los impuestos, cómo evoluciona la población,
su tamaño y sus características según los padrones y censos
conocidos, a qué se dedicaban los vecinos, los ganaderos,
agricultores, panaderos y otros oficios, y los impuestos que
debían pagar, muchos y muy variados.
En el cuarto capítulo detalla la
importancia de la nobleza en Alhaurín de la Torre.
Desde el mayorazgo que fundara Gutierre
Gómez de Fuensalida sobre sus propiedades en el pueblo, el
ascenso de sus descendientes a condes de Puertollano, después
duques del Arco y de Fernán Núñez, detallando sus vidas y
sus relaciones con el municipio, donde controlaban la recaudación
de impuestos, nombraban el alguacil y poseían las mejores
tierras y los molinos más productivos.
Además de los Puertollano y otros
que cita como los condes de Mollina y del Peñón, pone el énfasis
en la hidalguía local, dato no publicado hasta ahora.
Se trata de dos familias, los Rul
y los Soldevilla, que con propiedades en el pueblo vivieron
aquí como hidalgos a finales del XVIII y comienzos del XIX.
El capítulo V está dedicado al Clero,
detallando los periodos constructivos de la parroquia local,
el convento de la Fuensanta, las ermitas que existieron, los
bienes que poseyeron, y los personajes que destacaron.
Aquí hay dos que destacan: uno es
Fray Cristóbal del Santísimo Sacramento, un fraile trinitario
descalzo, de apellido Gómez, que a finales del siglo XVII,
hacia 1695, era tan buen predicador que fue llamado a la Corte
de Carlos II para servir al rey.
Otro es el jesuita Luis de Medina
Peral, que aunque en algunos documentos consta que nació en
Málaga, gracias a las descripciones de Medina Conde sabemos
que en el pueblo se afirmaba que nació aquí, y este sacerdote
que parece que sólo quería convertir infieles, solicitó ir
a América y de allí pasó a Filipinas, muriendo asesinado por
los indígenas en las circunstancias que se detallan en la
obra.
El capítulo sexto está dedicado a
las cofradías y a la religiosidad popular, habla del origen
de las cofradías, su número, sus ingresos, dónde y cómo son
citadas, detallando que hubo hasta siete cofradías religiosas,
si bien no todas al mismo tiempo.
José Manuel de Molina explicó que
había estado en numerosas ocasiones en el Archivo de la Catedral,
numerosos viernes por la tarde, para poder documentar bien
este asunto de numerosos comentarios en el pueblo.
Así puede afirmar que en 1647 había
tres registradas en el pago de impuestos: la Vera Cruz, el
Santísimo Sacramento, y Nuestra Señora del Rosario.
Sin embargo pocos años después sabe
que hay una más, probablemente la de Jesús Nazareno, ya que
la aparece en los años siguientes en varios testamentos.
En el siglo XVIII se constituyó la
hermandad de Nuestra Señora de los Dolores, y también aparece
la única referencia que conocemos hasta ahora de otra cofradía,
la de Nuestra Señora de la Soledad, que como la hermandad
de la Virgen de los Dolores y la de Nuestro Padre Jesús, tenía
hábito o túnica propia.
"Están pues aquí los orígenes
de las actuales cofradías de Verdes y Moraos, Moraos y Verdes,
que a lo largo de los años aparecen y desaparecen como hermandades
legalmente constituidas en los registros oficiales, pero nunca
desaparecen en la devoción popular".
El capítulo VII está dedicado a los
alhaurinos que fundaron una ciudad en Luisiana, en los actuales
Estados Unidos.
Ahora que los pasados huracanes sobre
la región han puesto la atención mediática sobre Luisiana
y la huella hispana en aquellas tierras, hablando de Gálvez
y de Nueva Orleáns, pocos conocen que se fundó en aquella
época, en 1779, la ciudad de Nueva Iberia, que hoy existe,
y donde viven descendientes de malagueños y de alhaurinos
en particular, que participaron en la fundación.
En concreto, las familias de Juan
Garrido y su mujer Inés Maldonado, y la de la viuda Teresa
Gómez que junto a sus cuatro hijos, su sobrino Francisco Villatoro
y su yerno Juan González, se embarcaron hacia tan lejanas
tierras.
José Manuel de Molina insistió en
que Nueva Iberia está hoy en día está falta de cariño español,
mientras el gobierno francés se esfuerza en fomentar el estudio
de su cultura y su lengua, el gobierno español sólo hizo un
acto en 1979, con ocasión del Bicentenario de la independencia
de Estados Unidos, y en Málaga sólo Fuengirola aprovechó la
ocasión para hermanarse con aquella ciudad, cuando curiosamente
ni un sólo vecino de Fuengirola participó en la fundación,
y sí otros de varios municipios malagueños como podrán ver
con detalle en el libro.
Es más, recientemente, con ocasión
de los daños por los huracanes, el embajador francés ha estado
en la zona incluso prometiendo ayudas económicas, mientras
los medios españoles y malagueños en particular, ni han citado,
quizás ni saben, que Nueva Iberia fue fundada por nuestros
antepasados.
Frente a ello, en Alhaurín de la
Torre al menos, no sólo lo saben sino que con esta obra les
rinde homenaje, incluyendo este capítulo del libro también
en inglés, ya que el autor se ha comprometido a enviar varios
ejemplares a Estados Unidos, a particulares, profesores hispanistas,
y centros culturales y universitarios, como anticipo de una
visita y unos actos que espera algún día pueda hacer oficialmente
el Ayuntamiento de Alhaurín de la Torre.
Por último el capítulo VIII está
dedicado al Ayuntamiento y a la administración municipal.
Cómo se elegían los alcaldes, las polémicas que había, alcaldes
célebres, y una tesis que exponía al comienzo:
Cómo y cuándo se produjo la independencia
de Alhaurín de la Torre.
En el Archivo Municipal de Málaga
muchos investigadores hemos dedicado horas y horas leyendo
las actas capitulares de Málaga, buscando algún documento
que aportara una fecha a un deslinde de términos, un pleito
entre ambos municipios por los terrenos y bienes municipales,
o alguna otra prueba de la creación del municipio independiente.
Sin embargo las únicas referencias
a Alhaurín de la Torre lo son como arrabal de la ciudad, sancionando
Málaga la elección de alcaldes, estableciendo censos sobre
propiedades municipales o interviniendo en asuntos judiciales
planteados por los vecinos ante el cabildo malagueño.
Después de 1810 estas referencias
desaparecen, para surgir esporádicamente Alhaurín de la Torre
en algunos asuntos relacionados con los bienes de propios.
La creación de la Diputación Provincial
al amparo de las Cortes de Cádiz de 1812, y la división en
provincias decretada en 1833, deberían haber dejado en el
Archivo de la Diputación suficientes muestras de la independencia
local, pero el incendio de este archivo en 1922 destruyó las
posibles evidencias.
La existencia de un completo acuerdo
de deslinde entre Málaga, Churriana y Alhaurín de la Torre,
todos como municipios independientes, el veinticuatro de agosto
de 1874, ha supuesto que se considere esta fecha como límite
máximo de la independencia, así como ha alimentado suposiciones
sobre que ésta se logró en el llamado Sexenio Revolucionario,
del cercano periodo 1868-1874.
Sin embargo, José Manuel de Molina
sienta las bases para una teoría que pretende demostrar con
documentos en el libro.
Se trata de afirmar que Alhaurín
de la Torre se convirtió en municipio independiente de Málaga
en 1810, gracias a la división en prefecturas y municipalidades
ordenada por el rey José I, el hermano de Napoleón Bonaparte,
que a la par que arrasaba el país imponía leyes que darían
pie al movimiento liberal.
Este primer paso sería confirmado
por las Cortes de Cádiz y supondría la definitiva independencia
municipal en 1812. Los argumentos para desarrollar esta hipótesis
de trabajo los resume a continuación.
"El 17 de abril de 1810 José
I firmó en el alcázar de Sevilla un decreto que dividió el
reino en treinta y ocho prefecturas divididas en subprefecturas,
que se dividían así: “las subprefecturas se dividirán en Municipalidades,
los límites de aquellas y el número de municipalidades de
que cada una deba componerse, se determinarán, atendidas sus
circunstancias locales, por decretos particulares”.
Conscientes de que este decreto supone
la independencia de los anejos de la capital, Málaga se resiste
a comunicar esta orden a los pueblos de la comarca, y todavía
en diciembre de 1810 la municipalidad de Málaga no ha comunicado
a los pueblos de su prefectura el decreto de abril, aunque
finalmente debe acatar la orden y la despacha a los pueblos
de su jurisdicción el día 20 de diciembre de 1810, fecha para
que según el prefecto, ya tenían que haber estado nombrados
los nuevos cargos de las municipalidades.
A pesar de este boicot malagueño,
lo cierto es que por documentos que hemos consultado en el
Archivo Histórico Provincial, Mateo Rivera Vega aparece como
Corregidor, el nombre que dan los franceses en su edicto para
el cargo de alcalde, en el año 1810, así como sus sucesores,
Diego Ruiz para el año 1811 y Manuel Alcázar para el de 1812,
lo que indica claramente que Alhaurín de la Torre se ha convertido
en municipalidad independiente de Málaga.
También comprobé que las actas capitulares
de Málaga desde 1810 ya no incluyen los nombramientos de alcaldes
de los pueblos del corregimiento que hasta entonces realizaban,
y sólo aparecen los de alcaldes de barrio.
La retirada francesa de la ciudad
de Málaga propicia que el 4 de septiembre de 1812 se ordene
que cesen todos los cargos electos o nombrados “durante el
gobierno intruso”. El alcalde de Alhaurín de la Torre con
el título de corregidor, Manuel Alcázar, convoca nuevas elecciones
y se nombra alcalde a José Vigar Banderas, que jura la Constitución
de Cádiz.
Esta primera constitución española
tiene similitudes con la de Bayona impuesta por los franceses,
y si bien no habla lógicamente de municipalidades, en su Título
VI, artículo 310 dice:
“Se pondrá ayuntamiento en los pueblos
que no le tengan, y en que convenga le haya, no pudiendo dejar
de haberle en los que por sí o con su comarca lleguen a mil
almas, y también se les señalará término correspondiente”.
Pero sin duda el documento más esclarecedor
que confirma que Alhaurín de la Torre ejercía como municipio
independiente nos lo brinda Diego Bernal, regidor primero
y alcalde interino el 2 de enero de 1814.
En esta fecha el alcalde Bernal hace
una consulta sobre la jurisdicción municipal en asuntos de
administración de justicia. Entiende que según las nuevas
leyes, en pueblos donde no hay jueces de letras ejercerán
la jurisdicción contenciosa en primera instancia, los alcaldes
constitucionales como lo han ejercido los alcaldes ordinarios,
y siendo esto así y como no tenía Alhaurín de la Torre juez
de letras, a él le correspondía tratar estos asuntos,
Y dice sobre Alhaurín de la Torre:
“pues aunque siempre ha estado comprendido
en la jurisdicción de Málaga y sujeto a sus jueces en dichas
materias, creo no deben continuar del mismo modo por no haber
en aquella ciudad en el día jueces con Real nombramiento,
y sí solamente un alcalde de igual graduación que la que regento”.
Remitiendo al texto del libro donde
se recogen este y otros documentos que sustentan esta afirmación,
lo que ocurre después de la abolición de la Constitución de
Cádiz y otros acontecimientos posteriores, que nos permiten
considerar como fecha de la independencia, el 17 de abril
de 1810, el día, mes y año que en el alcázar de Sevilla José
I firmó la ley de municipalidades que permitió a Alhaurín
de la Torre liberarse de la tutela del Ayuntamiento de Málaga.
Por último, en el libro se incluye
un extenso apéndice documental que seguro será de interés
para reconoceros en apellidos familiares, calles, y otros
lugares del pueblo.
Tras sus palabras, el alcalde
de Alhaurín de la Torre, D. Joaquín Villanova Rueda clausuró
el IV Ciclo de Conferencias sobre Historia local que se ha
celebrado durante el mes de noviembre, agradeciendo el esfuerzo
realizado por De Molina y continuando su apoyo a la investigación
histórica.
Nota.- www.darrax.com
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