Alhaurín de la Torre en la Edad Moderna.

 

Presentado libro sobre Historia de Alhaurín de la Torre

 

 

1 de diciembre de 2005

 

 

José Manuel de Molina Bautista presentó el pasado jueves 24 de noviembre, su libro "Historia de Alhaurín de la Torre en la Edad Moderna, 1489-1812", su primera obra que recorre los aspectos más destacados de la historia alhaurina en esos siglos.

El acto fue celebrado en el Centro Cultural Vicente Aleixandre y contó con una nutrida representación de autoridades y representantes de todos los partidos políticos presentes en el Consistorio, así como numerosos vecinos, amigos y familiares, en total casi 200 personas que abarrotaron el Salón de Actos.


La presentación fue realizada por el concejal de Cultura, Julián Sesmero Carrasco, que destacó el trabajo del autor "lleno de orgullo por este tratado histórico que merece ocupar uno de los mejores lugares de la estantería de cada casa".


A continuación intervino José Manuel de Molina agradeciendo la colaboración que habían prestado diversas personas, entre ellas los historiadores jesuitas José Antonio Morillas y Wenceslao Soto, el profesor de la Universidad de Málaga, Manuel Hijano, y los historiadores locales Manuel López y Federico Ortega.


También destacó que este era el "año literario" de la saga De Molina procedente de Gaucín, pues además de su obra, el pasado viernes 18 de noviembre, su primo Teodoro R. Martín de Molina presentó su obra "El caballero de la triste figura", una versión libre en romance de la primera parte de El Quijote, y el 15 de agosto fue Salvador Martín de Molina el que presentó su libro "Gaucín", dedicado a la figura de Serrano Valdenebro.
De Molina se presentó "emocionado, humilde y satisfecho", destacando que además de alhaurino de adopción se consideraba "alhaurino de corazón", destacando su "compromiso por Alhaurín de la Torre para investigar su historia, y sobre todo, para conocer a sus gentes", y afirmando que "más importante que los documentos son las personas, e insisto en recuperar nombres y apellidos, oficios y lugares, para que los alhaurinos de hoy identifiquen a los de ayer y reconozcan a sus antepasados, recuperando la memoria de personas y lugares hoy desaparecidos, y para que hagan suyo este libro".

A continuación repasó uno por uno los siete capítulos en que se divide su obra, más un completo apéndice documental, destacando los aspectos más interesantes mientras en una pantalla gigante unas imágenes acompañaban sus palabras.

 

En el primero, detalla las principales fuentes a las que podemos recurrir para hacer una investigación histórica. Es una orientación para animar a todos los que quieran a investigar por sí mismos, destinada a mayores y jóvenes, al estudiante y al aficionado, para que se multipliquen los estudios y el interés por la historia de Alhaurín de la Torre.

De Molina dijo que aún queda mucho por investigar y descubrir, "y digo descubrir porque los archivos tienen miles de documentos que hablan de Alhaurín de la Torre, pero como sólo hay breves índices de un legajo y no información detallada del contenido, cuando las hay, tenemos que tener paciencia y tesón para seguir la tarea y continuar esta particular búsqueda de tesoros en forma de papel".

 

En el segundo capítulo arranca con el fin de la Edad Media y la conquista de Málaga por los Reyes Católicos.

Alhaurín el Grande fue tomada en 1485 y Málaga en 1487. Entonces el pueblo era una alquería llamada Alaolin o Laolin, con una serie de casas, numerosos molinos, torres vigía y una mezquita.

Como este libro trata sobre la Edad Moderna José Manuel de Molina ha querido considerar que esta era empieza en este pueblo cuando se producen los Repartimientos, el reparto que los conquistadores hacen sobre las propiedades de los vencidos, configurando así la economía y la sociedad local en los siglos venideros.

Sin embargo antes de pasar a los Repartimientos, recuerda la figura de un malagueño que quizás naciese en esta localidad, se trata del historiador y erudito Ibn Askar, del que se sabe nació en una alquería de la Algarbía, esto es de la comarca al oeste de la ciudad de Málaga, en el año 1189.

Si Ibn Askar nació en la alquería de Alaolin aún no lo sabemos, pero es una interesante vía de investigación que puede desarrollarse en el futuro, y si así fuera estaríamos de enhorabuena porque fue un personaje importante en época almohade.

Piensen que otro personaje andalusí, el botánico Ibn al Baytar, se sabía que nació en Málaga pero no exactamente dónde, y hace pocos años se demostró que había nacido en Benalmádena, y allí han estado prestos para reivindicar su figura y su obra.

En este capítulo primero se incluye otro documento hasta ahora desconocido y que halló en Toledo, se trata del más antiguo que habla del pueblo aparte de los Repartimientos de Málaga, está fechado en 1489.

Después describe de otro asunto que antes caía en la tradición y la confusión: el origen del nombre de Alhaurín de la Torre.

Ya José Baquero introdujo en su obra que el topónimo procedía del árabe Al Hawariyyin, como también recordó en el ciclo de conferencias que hoy clausuramos, y efectivamente esta teoría la mantuvo Don Agustín Hevia Ballina, presidente de la Asociación de Archiveros de la Iglesia Católica, durante la recepción que organizó el Ayuntamiento en septiembre de 2004.

En esta obra aporta la localización del origen de la tribu beréber que pobló esta comarca, en el norte de Marruecos, cerca de Arcila, y continúa con un bello mapa de 1795 donde aparece Alhaurín de la Torre, destacando también antiguas descripciones de viajeros o informes oficiales, que describían cómo era el pueblo en los siglos XVIII y comienzos del XIX.

Después habla de la mezquita, describe como era la torre del pueblo, la casa del conde de Puertollano, distinta a la actual, y que era en su origen una casa fuerte con otra torre. Los molinos, fotos de los restos que se conservan, y aquí hizo un ruego a las autoridades, "que no hagan lo posible por conservarlos, que los conserven, que los integren en el urbanismo actual y que restauren al menos los que se conservan mejor".

También se describen cortijos, casas y huertas, cómo era el riego de la Fuente Grande en 1665, el mesón, el puente del rey, en definitiva la geografía descriptiva y humana en aquella época.

En el tercer capítulo De Molina trata la demografía y los impuestos, cómo evoluciona la población, su tamaño y sus características según los padrones y censos conocidos, a qué se dedicaban los vecinos, los ganaderos, agricultores, panaderos y otros oficios, y los impuestos que debían pagar, muchos y muy variados.

En el cuarto capítulo detalla la importancia de la nobleza en Alhaurín de la Torre.

Desde el mayorazgo que fundara Gutierre Gómez de Fuensalida sobre sus propiedades en el pueblo, el ascenso de sus descendientes a condes de Puertollano, después duques del Arco y de Fernán Núñez, detallando sus vidas y sus relaciones con el municipio, donde controlaban la recaudación de impuestos, nombraban el alguacil y poseían las mejores tierras y los molinos más productivos.

Además de los Puertollano y otros que cita como los condes de Mollina y del Peñón, pone el énfasis en la hidalguía local, dato no publicado hasta ahora.

Se trata de dos familias, los Rul y los Soldevilla, que con propiedades en el pueblo vivieron aquí como hidalgos a finales del XVIII y comienzos del XIX.

El capítulo V está dedicado al Clero, detallando los periodos constructivos de la parroquia local, el convento de la Fuensanta, las ermitas que existieron, los bienes que poseyeron, y los personajes que destacaron.

Aquí hay dos que destacan: uno es Fray Cristóbal del Santísimo Sacramento, un fraile trinitario descalzo, de apellido Gómez, que a finales del siglo XVII, hacia 1695, era tan buen predicador que fue llamado a la Corte de Carlos II para servir al rey.

Otro es el jesuita Luis de Medina Peral, que aunque en algunos documentos consta que nació en Málaga, gracias a las descripciones de Medina Conde sabemos que en el pueblo se afirmaba que nació aquí, y este sacerdote que parece que sólo quería convertir infieles, solicitó ir a América y de allí pasó a Filipinas, muriendo asesinado por los indígenas en las circunstancias que se detallan en la obra.

El capítulo sexto está dedicado a las cofradías y a la religiosidad popular, habla del origen de las cofradías, su número, sus ingresos, dónde y cómo son citadas, detallando que hubo hasta siete cofradías religiosas, si bien no todas al mismo tiempo.

José Manuel de Molina explicó que había estado en numerosas ocasiones en el Archivo de la Catedral, numerosos viernes por la tarde, para poder documentar bien este asunto de numerosos comentarios en el pueblo.

Así puede afirmar que en 1647 había tres registradas en el pago de impuestos: la Vera Cruz, el Santísimo Sacramento, y Nuestra Señora del Rosario.

Sin embargo pocos años después sabe que hay una más, probablemente la de Jesús Nazareno, ya que la aparece en los años siguientes en varios testamentos.

En el siglo XVIII se constituyó la hermandad de Nuestra Señora de los Dolores, y también aparece la única referencia que conocemos hasta ahora de otra cofradía, la de Nuestra Señora de la Soledad, que como la hermandad de la Virgen de los Dolores y la de Nuestro Padre Jesús, tenía hábito o túnica propia.

"Están pues aquí los orígenes de las actuales cofradías de Verdes y Moraos, Moraos y Verdes, que a lo largo de los años aparecen y desaparecen como hermandades legalmente constituidas en los registros oficiales, pero nunca desaparecen en la devoción popular".

El capítulo VII está dedicado a los alhaurinos que fundaron una ciudad en Luisiana, en los actuales Estados Unidos.

Ahora que los pasados huracanes sobre la región han puesto la atención mediática sobre Luisiana y la huella hispana en aquellas tierras, hablando de Gálvez y de Nueva Orleáns, pocos conocen que se fundó en aquella época, en 1779, la ciudad de Nueva Iberia, que hoy existe, y donde viven descendientes de malagueños y de alhaurinos en particular, que participaron en la fundación.

En concreto, las familias de Juan Garrido y su mujer Inés Maldonado, y la de la viuda Teresa Gómez que junto a sus cuatro hijos, su sobrino Francisco Villatoro y su yerno Juan González, se embarcaron hacia tan lejanas tierras.

José Manuel de Molina insistió en que Nueva Iberia está hoy en día está falta de cariño español, mientras el gobierno francés se esfuerza en fomentar el estudio de su cultura y su lengua, el gobierno español sólo hizo un acto en 1979, con ocasión del Bicentenario de la independencia de Estados Unidos, y en Málaga sólo Fuengirola aprovechó la ocasión para hermanarse con aquella ciudad, cuando curiosamente ni un sólo vecino de Fuengirola participó en la fundación, y sí otros de varios municipios malagueños como podrán ver con detalle en el libro.

Es más, recientemente, con ocasión de los daños por los huracanes, el embajador francés ha estado en la zona incluso prometiendo ayudas económicas, mientras los medios españoles y malagueños en particular, ni han citado, quizás ni saben, que Nueva Iberia fue fundada por nuestros antepasados.

Frente a ello, en Alhaurín de la Torre al menos, no sólo lo saben sino que con esta obra les rinde homenaje, incluyendo este capítulo del libro también en inglés, ya que el autor se ha comprometido a enviar varios ejemplares a Estados Unidos, a particulares, profesores hispanistas, y centros culturales y universitarios, como anticipo de una visita y unos actos que espera algún día pueda hacer oficialmente el Ayuntamiento de Alhaurín de la Torre.

Por último el capítulo VIII está dedicado al Ayuntamiento y a la administración municipal. Cómo se elegían los alcaldes, las polémicas que había, alcaldes célebres, y una tesis que exponía al comienzo:

Cómo y cuándo se produjo la independencia de Alhaurín de la Torre.

En el Archivo Municipal de Málaga muchos investigadores hemos dedicado horas y horas leyendo las actas capitulares de Málaga, buscando algún documento que aportara una fecha a un deslinde de términos, un pleito entre ambos municipios por los terrenos y bienes municipales, o alguna otra prueba de la creación del municipio independiente.

Sin embargo las únicas referencias a Alhaurín de la Torre lo son como arrabal de la ciudad, sancionando Málaga la elección de alcaldes, estableciendo censos sobre propiedades municipales o interviniendo en asuntos judiciales planteados por los vecinos ante el cabildo malagueño.

Después de 1810 estas referencias desaparecen, para surgir esporádicamente Alhaurín de la Torre en algunos asuntos relacionados con los bienes de propios.

La creación de la Diputación Provincial al amparo de las Cortes de Cádiz de 1812, y la división en provincias decretada en 1833, deberían haber dejado en el Archivo de la Diputación suficientes muestras de la independencia local, pero el incendio de este archivo en 1922 destruyó las posibles evidencias.

La existencia de un completo acuerdo de deslinde entre Málaga, Churriana y Alhaurín de la Torre, todos como municipios independientes, el veinticuatro de agosto de 1874, ha supuesto que se considere esta fecha como límite máximo de la independencia, así como ha alimentado suposiciones sobre que ésta se logró en el llamado Sexenio Revolucionario, del cercano periodo 1868-1874.

Sin embargo, José Manuel de Molina sienta las bases para una teoría que pretende demostrar con documentos en el libro.

Se trata de afirmar que Alhaurín de la Torre se convirtió en municipio independiente de Málaga en 1810, gracias a la división en prefecturas y municipalidades ordenada por el rey José I, el hermano de Napoleón Bonaparte, que a la par que arrasaba el país imponía leyes que darían pie al movimiento liberal.

Este primer paso sería confirmado por las Cortes de Cádiz y supondría la definitiva independencia municipal en 1812. Los argumentos para desarrollar esta hipótesis de trabajo los resume a continuación.

"El 17 de abril de 1810 José I firmó en el alcázar de Sevilla un decreto que dividió el reino en treinta y ocho prefecturas divididas en subprefecturas, que se dividían así: “las subprefecturas se dividirán en Municipalidades, los límites de aquellas y el número de municipalidades de que cada una deba componerse, se determinarán, atendidas sus circunstancias locales, por decretos particulares”.

Conscientes de que este decreto supone la independencia de los anejos de la capital, Málaga se resiste a comunicar esta orden a los pueblos de la comarca, y todavía en diciembre de 1810 la municipalidad de Málaga no ha comunicado a los pueblos de su prefectura el decreto de abril, aunque finalmente debe acatar la orden y la despacha a los pueblos de su jurisdicción el día 20 de diciembre de 1810, fecha para que según el prefecto, ya tenían que haber estado nombrados los nuevos cargos de las municipalidades.

A pesar de este boicot malagueño, lo cierto es que por documentos que hemos consultado en el Archivo Histórico Provincial, Mateo Rivera Vega aparece como Corregidor, el nombre que dan los franceses en su edicto para el cargo de alcalde, en el año 1810, así como sus sucesores, Diego Ruiz para el año 1811 y Manuel Alcázar para el de 1812, lo que indica claramente que Alhaurín de la Torre se ha convertido en municipalidad independiente de Málaga.

También comprobé que las actas capitulares de Málaga desde 1810 ya no incluyen los nombramientos de alcaldes de los pueblos del corregimiento que hasta entonces realizaban, y sólo aparecen los de alcaldes de barrio.

La retirada francesa de la ciudad de Málaga propicia que el 4 de septiembre de 1812 se ordene que cesen todos los cargos electos o nombrados “durante el gobierno intruso”. El alcalde de Alhaurín de la Torre con el título de corregidor, Manuel Alcázar, convoca nuevas elecciones y se nombra alcalde a José Vigar Banderas, que jura la Constitución de Cádiz.

Esta primera constitución española tiene similitudes con la de Bayona impuesta por los franceses, y si bien no habla lógicamente de municipalidades, en su Título VI, artículo 310 dice:

“Se pondrá ayuntamiento en los pueblos que no le tengan, y en que convenga le haya, no pudiendo dejar de haberle en los que por sí o con su comarca lleguen a mil almas, y también se les señalará término correspondiente”.

Pero sin duda el documento más esclarecedor que confirma que Alhaurín de la Torre ejercía como municipio independiente nos lo brinda Diego Bernal, regidor primero y alcalde interino el 2 de enero de 1814.

En esta fecha el alcalde Bernal hace una consulta sobre la jurisdicción municipal en asuntos de administración de justicia. Entiende que según las nuevas leyes, en pueblos donde no hay jueces de letras ejercerán la jurisdicción contenciosa en primera instancia, los alcaldes constitucionales como lo han ejercido los alcaldes ordinarios, y siendo esto así y como no tenía Alhaurín de la Torre juez de letras, a él le correspondía tratar estos asuntos,

Y dice sobre Alhaurín de la Torre:

“pues aunque siempre ha estado comprendido en la jurisdicción de Málaga y sujeto a sus jueces en dichas materias, creo no deben continuar del mismo modo por no haber en aquella ciudad en el día jueces con Real nombramiento, y sí solamente un alcalde de igual graduación que la que regento”.

Remitiendo al texto del libro donde se recogen este y otros documentos que sustentan esta afirmación, lo que ocurre después de la abolición de la Constitución de Cádiz y otros acontecimientos posteriores, que nos permiten considerar como fecha de la independencia, el 17 de abril de 1810, el día, mes y año que en el alcázar de Sevilla José I firmó la ley de municipalidades que permitió a Alhaurín de la Torre liberarse de la tutela del Ayuntamiento de Málaga.

Por último, en el libro se incluye un extenso apéndice documental que seguro será de interés para reconoceros en apellidos familiares, calles, y otros lugares del pueblo.

Tras sus palabras, el alcalde de Alhaurín de la Torre, D. Joaquín Villanova Rueda clausuró el IV Ciclo de Conferencias sobre Historia local que se ha celebrado durante el mes de noviembre, agradeciendo el esfuerzo realizado por De Molina y continuando su apoyo a la investigación histórica.
Nota.- www.darrax.com