Cañamaque acusa la réplica de los maestros y da explicaciones (III).
Teodoro de Molina. Gaucín.tv, 20 de Agosto de 2004.


Don Francisco acusó la replica publicada por La Asociación del Magisterio el día 14 de septiembre de 1876. Por esta razón se apresuro a contestar. De su escrito, realizado el 18 del mismo mes, se deduce que la elegancia e ironía con que su autor le criticó dejó tocado a nuestro personaje.
Hay que saber que Cañamaque había combatido férrea y duramente, desde las páginas de El Pueblo Español, tanto a los parlamentarios conservadores como las ideas, reaccionarias, e integristas, expuestas por el ala derecha del hemiciclo.

El había jugado, en años precedentes, el papel de periodista avanzado. Hombre de amplias miras en las ideas de progreso, defensor moderado de la filosofía revolucionaria surgidas de La Gloriosa (1869). En cierto modo, se presentaba como uno de los defensores de las teorías modernas transformadoras importadas de la revolución social francesa.

Estas razones le obligaron a contestar, negando siempre la mayor -la comparación con Ortí y Lara-, pero aceptando de buen grado las ideas de su interlocutor, salvo, como queda apuntado, en lo tocante a Ortí y Lara. En el fondo, no hacía gran esfuerzo en dar explicaciones, ya que lo manifestado por el colega del maestrillo de villorrio, no se separaba un ápice de lo que él pensaba.
Lo que más le afectó fue la comparación con el profesor Ortí y Lara, figura universitaria del pensamiento integrista, y también de la política, pues se presentó a diputado por la provincias de Jaén y Pamplona, en dos ocasiones, sin conseguir el escaño pretendido. Tanto le afectó que le tacharan de conservador en materia de enseñanza, que D. Francisco contesta el día 18 de septiembre, siendo publicado su artículo en el número siguiente, el día 24 del mismo mes. Pero Cañamaque no se satisfizocon aclarar su pensamiento en La Asociación del Magisterio
"con matar la mala opinión que haya podido formar de sus juicios", sino que su preocupación le obliga a que este debate periodístico figure en la edición del libro Recuerdos de Filipinas, -publicado en 1877, Madrid, Librería de Anillo y Rodríguez, calle del Olivo, números 6 y 8-, manifestando lo siguiente: <<Publico aquí este incidente para evitarme las protestas y comunicaciones de los maestros que leyeren Recuerdos de Filipinas y tomaren tan a pecho como el aragonés alguna apreciación del capítulo IV>>, pues, hasta la salida al mercado de su libro, su contenido solo se conocía gracias a lo publicado en el periódico El Pueblo Español.


<<Madrid 18 de Septiembre de 1876.


Sr. Director de
La Asociación del Magisterio.


Muy señor mío y estimado compañero: en el número 32 del periódico que tan dignamente dirige V. he leído un intencionado articulito en que se dice soy
émulo de Ortí y Lara, fundándose para ello el suscritor de La Asociación del Magisterio autor del escrito en cuestión, en que, según él, llamo pedantes a los maestros de escuela en mi libro RECUERDOS DE FILIPINAS que actualmente publica El Pueblo Español. Y como esto, señor Director, es un cargo que impórtame mucho rechazar, no obstante saber ya una buena parte del país cuán lejos estoy del señor Ortí y Lara, he de merecer de V., y por tal favor le anticipo las gracias, inserte en su periódico estas líneas escritas en justa defensa de un ataque, en verdad irreflexivo e injustificado.


Nada más remoto de mi ánimo, señor Director, que herir a la clase respetabilísima en cuyas manos está, hoy como nunca, la educación y el porvenir de la juventud. Lo que digo en mis
Recuerdos de Filipinas, es, pura y sencillamente, que un número considerable de maestros de aldea, de villorrios (en esto no hay injuria) suele ser algo pedante, o lo que es igual, un tanto engreído, engreimiento que nace, sin duda, de la dignidad y alteza de la profesión que ejerce, tan noble, tan meritoria, tan sagrada como la que más. ¿Y puede negar esto el anónimo escritor que me llama desde luego émulo de Ortí y Lara? Pues qué, ¿el magisterio español está libre de todo punto de ese exagerado amor propio que según Salomón es vanitas vanitatun et omnia vanitas? Decir que en una clase cualquiera hay pedantes, ¿ha sido jamás ofensa grave, ni leve, ni de ningún género a la clase en general? No, ciertamente; y así ha debido conocerlo el susceptible maestro que, sin motivo, sale a la defensa de sus compañeros y de si propio creyendo ver en mis palabras un ataque, cuando dice después que lo que él cree haber leído no es seguramente lo que yo he querido manifestar.


No hay, pues, razón para que el anónimo articulista me enderece las trasparentes indirectas que se permite hacer, con más gracejo que fundamento, en su intencionado escrito.


En cuanto que soy un
émulo de Ortí y Lara, ¿Qué debo contestar? Ortí y Lara vive envuelto en las sombras de lo pasado, yo vivo libre en los resplandores del porvenir; Ortí y Lara sacrificará a sus creencias religiosas los vuelos del pensamiento, yo coloco la razón y el discurso sobre todas las Teologías y todos los milagros; Ortí y Lara pensará que los maestros de escuela pueden ser sustituidos por los sacerdotes del Vaticano, yo pienso que los maestros no pueden ni deben ser sustituidos más que por maestros; Ortí y Lara sujeta la inteligencia de esa clase ilustre a los rigores y estrecheces de un libro de texto, yo predico que el profesor sea libre en su cátedra como lo es el espíritu en los espacios y la conciencia en sus misteriosos dominios; Ortí y Lara pierde el caudal de su ilustración y talento en místicas abstracciones que en fuerza de elevarse al cielo se olvida de la tierra, yo pongo mis fuerzas modestísimas al servicio de la razón, del derecho y de la democracia, dejando a Dios lo que es de Dios y al Cesar lo que es del Cesar.


¿Hay, pues, analogía entre el respetable catedrático de Metafísica de la Universidad Central de Madrid y mi humilde persona? No, no la hay ni bajo este ni bajo ningún punto de vista.


Restablecida así la verdad, ruego a V., inserte en
La Asociación del Magisterio estas breves líneas, encaminadas a matar la mala opinión que hayan podido formar de mis juicios sobre algunos maestros de aldea los que hubieren leído el artículo a que tengo el gusto de contestar, y a cuyo autor suplico haga la rectificación correspondiente, encargándole de paso y por vía de cariñosa advertencia, no vea otra vez en mis trabajos ofensas a una clase que, por la grandeza y sublimidad de su inapreciable ministerio, no merece otra que amor, protección ilimitada y respeto profundísimo.


Aprovecho gustoso esta oportunidad para ofrecerme a V. afectísimo servidor.
Q.S.M.B.
FRANCISCO CAÑAMAQUE >>