El Toro de Cuerda de Gaucín (Francisco Gómez Román. Año 2000) Gaucín
es el único pueblo de la provincia de Málaga que desde
antiguo acostumbra a celebrar el final de la Semana Santa corriendo
un toro ensogado por las calles de la población. La esencia
de la fiesta consiste precisamente eso: soltar un toro bravo por las
calles de la población -con la relativa seguridad que dan una
cuerda atada a los cuernos y unos cuantos mozos que procuran dirigir,
con más voluntad que eficacia, al animal y hacer un quite en
el momento preciso- y correr delante o detrás, según
se tercia, próximo al cornúpeta o a una sensata distancia,
conforme a los ánimos de cada cual, con la alegría y
la angustia que respectivamente producen el bullicio de los participantes
y las astas del morlaco o los pisotones del personal. El gozo excitado
de la primera línea lo cambian muchos por la seguridad de balcones
y terrazas, aunque no por ello mengüe en exceso la intensidad
con que lo viven. Naturalmente hay incidentes de todo tipo, jocosos
casi siempre, que aunque alguna vez hayan revestido cierta importancia,
en buena hora podamos contarlo, nunca han llegado a mayores.
De
la historia de la fiesta sólo sabemos que es muy antigua y
de orígenes ignorados. Los más viejos dicen haberla
conocido siempre y aseguran además que sus padres y abuelos
contaban lo mismo, que la celebración en forma similar a como
ahora lo hacemos viene de lejos. Su relación con el acontecimiento
religioso de la Resurrección está corroborada por el
hecho de que antes se soltaba el toro en la puerta de la iglesia en
el momento en que salían los fieles de la misa de Resurrección.
Cuando la Misa de Resurrección se comenzó a hacer en
la madrugada del domingo, se cambió la hora y el lugar de la
salida, que por razones de amplitud se hace actualmente en La Carrera.
Un paisano nuestro, Miguel Vázquez, muy aficionado a las curiosidades
del pueblo, anda ahora investigando estas y otras historias.
Antaño se encargaba de la preparación del festejo un
grupo de entusiastas, sin más estatuto que su propia afición,
siendo su principal cometido la recaudación de fondos a todos
los vecinos para adquirir el toro y disponer todos los detalles para
que la fiesta resultara lucida. Otro de los menesteres de estos comisionados,
quizá el de mayor entidad, era intentar convencer al Alcalde
para que autorizara la celebración del festejo, que legalmente
estaba considerado como una grave alteración del orden público.
Al final siempre se alcanzaba un cierto consenso y el Alcalde acababa
no oponiéndose y mirando para otro lado. En las fechas anteriores
a la Semana Santa una de las comidillas generalizadas era la duda
y la inquietud sobre si habría o no habría toro ese
año. El Ayuntamiento se mantenía oficialmente al margen,
aunque hubo concejales que solapaban sus actividades consistoriales
con las propias de la organización del festejo, y algunos Alcaldes
acostumbraban a ausentarse de la localidad en ese día para
hacer más patente que no sabían nada del asunto, en
un vano intento de salvar su responsabilidad en unos hechos sobre
cuya existencia era difícil alegar ignorancia.
Así
fueron las cosas hasta que en 1964 el reportaje televisivo del acontecimiento
desató las iras de un preboste castellano al que al parecer
habían prohibido una fiesta similar en su pueblo. La protesta
de éste ante el Ministerio de Gobernación tuvo como
consecuencia el cese fulminante del Alcalde, y recién estrenado
Diputado Provincial, Don Salvador García Corrales. Después
ya nadie quiso meterse en belenes.
A pesar de ello, siguió viva en el pueblo la llama de la afición
y muchos, con más vocación o con más ganas de
pitorreo y desahogo, solían a veces arrastrar, el día
en que debía celebrarse la fiesta, los cuernos de una res vacuna
al grito castizo de "¡que miró, que miró!",
de forma tan rápida e inesperada que impedía la intervención
de los agentes de la autoridad.
La llegada de la democracia y la recuperación de las libertades
permitió a muchos pueblos recobrar sus fiestas más características,
reprimidas en casos como el nuestro por el régimen anterior.
Gaucín quiso en consecuencia restaurar su Toro de Cuerda y
en 1978 un grupo de vecinos, encabezados por el recordado Andrés
Castilla, al que desde aquí envío un cariñoso
brindis, nos desplazamos a Málaga para intentar conseguir la
autorización gubernativa. Todavía, sin embargo, no estaba
el horno para bollos y la respuesta de la autoridad fue contundente:
más de cincuenta Guardias Civiles ocuparon el pueblo ante el
presumible temor de que a pesar de la negativa gubernamental fuera
a celebrarse el festejo.
Hubo
que esperar a que las primeras elecciones municipales establecieran
una Corporación democrática para que, haciéndose
responsable solidaria del festejo, se celebrara éste en el
año 1980, después de dieciséis años de
prohibición. A partir de entonces, salvando siempre las naturales
dificultades administrativas y económicas, todo ha ido rodando
con normalidad. Una normalidad llena de obstáculos y ocupaciones
que ha ido superando año tras año el entusiasmo de la
Corporación Municipal y el grupo de vecinos que voluntariamente
se integran en la Comisión del Toro de Cuerda. Corresponde
a ellos, presididos por el Alcalde, tomar medidas que minimicen las
consecuencias de previsibles percances. Ambulancias, UCI móvil,
cirujanos, directores de lidia, equipo de seguridad para la cuerda,
seguro de accidentes para los que no participan en el festejo, Protección
Civil y una serie de precauciones y disposiciones organizativas, entre
las que no es la menor recaudar, visitando todas las casas del pueblo,
los fondos precisos para hacer frente a unos gastos que ya resultan
millonarios, y que la generosidad de los vecinos y una acendrada defensa
de sus tradiciones superan con nota cada año.
Este
día Gaucín triplica con facilidad el número de
sus habitantes. No es ciertamente el mejor día para conocer
los encantos de uno de los pueblos más característicos
y con mayores atractivos de la Serranía de Ronda, pero es un
día único para participar en una experiencia singular.
Un matrimonio amigo, enamorado de esta tierra, viene cada Domingo
de Resurrección desde tierras levantinas a participar en una
fiesta que hicieron suya hace ya un montón de años,
y otros conozco -nativos y adoptivos- que retornan fielmente desde
puntos aún más lejanos, convirtiendo al Toro de Cuerda
en el segundo motivo de reencuentro para los muchos que por diversas
razones están obligados a residir lejos de la tierra que quieren.
www.gaucin.tv
2003 |
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