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Liceo Nebreda González. El
religioso que encandilaba a chicos y mayores.
Teodoro de Molina
Liceo
Nebreda González, también llamado, en la Orden
de los Carmelitas descalzos, Pedro Tomás de los Santos,
y en la Orden Hospitalaria,
Juan Grande Nebreda,
era natural de La Nuez
de Abajo, pedanía de 50 habitantes perteneciente al
municipio de Valle de Santibáñez, a tan solo
26 kilómetros de la capital burgalesa.
De esta tierra burgalesa, antigua por sus numerosos hallazgos
primitivos, como los encontrados en el Cerro Cabaña;
noble por ser lugar de correrías de medievos caballeros
castellanos, entre los que cabe destacar a Rodrigo Díaz
de Vivar, El Cid Campeador, dueño y señor de
este paraje; acogedora y hospitalaria por ser tierra de muy
buena gente que agasaja al viajero con el fruto de sus campos
aderezados por la diestra mano del mesonero; de esta tierra,
decimos, es el personaje que dejó huella en nuestro
pueblo.
Se trata del Padre Juan
Grande Nebreda, hijo de Pedro y Vitoria, nacido el día
3 de agosto de 1903, ordenado sacerdote el 18 de diciembre
de 1928 como miembro de la congregación de los Padres
Carmelitas descalzos. Ingresó en la Orden de San Juan
de Dios en 1955, 26 de marzo, haciendo el Postulantado y el
Noviciado en Cienpozuelos. Hizo la Profesión Solemne
en Ciempozuelos, abril de 1956. De aquí a distintos
destinos. Granada (1957); Caracas (1962); Lima (1968); Jerez
(1970); Arequipa (1972); Tenerife (1975); Ciempozuelos (1981).
"Desempeñó
una gran labor pastoral y hospitalaria como Capellán,
en distintas Casas de España y América. Su Sencillez,
celo pastoral y gran amor a la Orden hicieron que fuera estimado
por todos. Después de una penosa enfermedad, falleció
en nuestro Sanatorio Jesús del Gran Poder, de Sevilla,
a los 85 años de edad y 32 de vida religiosa, el año
de 1988."
(1)
De esta manera recoge
el Necrologio de la Curia Provincial Bética de la Orden
de los Hermanos de San Juan de Dios, el fallecimiento de Juan
Grande Nebreda, fechada el 15 de noviembre del año
1988.
Esta
es la pequeña y escueta biografía que del Padre
Juan Grande Nebreda hacemos hoy. Pero para nosotros, niños
en los finales años cincuenta, los que observábamos
como encandilaba a chicos y mayores con su verbo fluido y
coherente en favor de la verdad y la justicia; los que notábamos
su ausencia en las Fiestas del Santo Niño durante la
década de los sesenta, sin saber porqué faltaba
ni donde estaba; los que echábamos de menos sus sermones
sobre San Juan de Dios y la herencia que recogió del
Niño Dios, en la Adelfilla, en beneficio de los humildes
.
; para nosotros, decimos, los datos expuesto hoy, expresan
el reconocimiento a su gran labor pastoral y a una dedicación
plena en pro de los más necesitados, de los indefensos,
de los pobres, de aquellos que no tenían la posibilidad
de curar sus enfermedades precisamente por ser demasiado pobres.
Recordamos, además, al Padre Juan siempre sonriente
cuando nos acercábamos a él buscando un caramelo
que, sin duda, encontrábamos en su mano extendida recién
extraída del bolsillo de la sotana. Una sonrisa y unas
palabras de aliento, de motivación cívica, de
camaradería y de agradable conversación.
Estamos seguro que el Padre Juan Grande Nebreda era un hombre
libre porque, con su conducta, impartía tanto o más
libertad y afecto que lo pregonado en sus intervenciones encaramado
en la embarrá de la lonja del castillo.
Pero eso no fue todo.
Él se empeñó en dejar testimonio de la
efeméride de 1536. Creyó en la aparición
del Santo Niño a Juan Ciudad en la Adelfilla. Lo creyó
y trabajó por dejar en el lugar una ermita que sirviera
de recordatorio a propios y ajenos. De hacer visible el
encuentro
entre el Santo Hospitalario
y el Niño de Gaucín. Su idea encontró
respaldo inmediato en la Junta Directiva de la Hermandad del
Santo Niño, capitaneada, entonces, por D. Juan Moyano
Añón, al que acompañaban D. Rafael Jiménez
Gálvez, D. Antonio Godino Salas, D. Carlos Domínguez
Faura y D. Juan Moyano Román;
en el párroco
de Gaucín, D. Diego Franco Barea; en la propietaria
de la finca, Doña María Joaquina Andrades Martín;
en el maestro de obras Don José Delgado Rodríguez;
en el Provincial de la Orden en Andalucía, Fr. Jacinto
del Cerro. . . . En definitiva, todo el pueblo se motivó
con el proyecto. De esta forma el Padre Juan Grande Nebreda
consiguió su anhelado proyecto. Involucrando a todos.
Poniéndolos decidida e ilusionadamente, manos a la
obra.
Como dice Benavides Vázquez
(2),
"Es a finales
del año 1959 cuando entra en escena el celo, la personalidad
arrasante y llena de vigor del Hermano de San Juan de Dios
y Sacerdote Juan Grande Nebreda. Como hijo apasionado y agradecido,
pone todo su afán y esfuerzo en difundir la devoción
a San Juan de Dios, patrono de los pobres y enfermos. Capellán
en aquellos años de la Basílica de San Juan
de Dios de Granada, lugar donde se conservan los restos del
Santo, inicia los pasos para construir una ermita en honor
del Santo Niño Jesús de Gaucín y su aparición
al Santo de la Caridad.
Pasados
los meses y salvados los obstáculos propios de una
empresa que se realizó en época de crisis económica
-la misma que veía como se producía una sangría
lenta y permanente de los hijos del pueblo hacia la emigración-,
los imponderables del lugar, situado en un intrincado territorio
donde solo se podía acceder a través de caminos
de herraduras y a lomos de caballerías, el Padre Juan
Grande Nebreda y el pueblo de Gaucín, vieron recompensado
su esfuerzo y tenacidad. Y tal día como el 14 de septiembre
de 1960 se produjo la inauguración. Nuevamente hemos
de apoyarnos en el trabajo de Benavides Vázquez
(3)
que sobre la inauguración
dice que se celebró a "todo
lujo". "Se
hizo presente el Vicario General de la diócesis de
Málaga, quién dijo la misa, gran número
de Hermanos, el P. Provincial de la Bética, Fr. Jacinto
del Cerro y el Pueblo entero de Gaucín en fiesta empujados
todos por más de 200 practicantes de Madrid y provincias,
que concurrieron a festejar a su patrón San Juan de
Dios".
Desde entonces, cada
año, Gaucín conmemora el acontecimiento bajando,
hasta la ermita de la Adelfilla, la imagen del Santo Niño
en solemne procesión y celebrando una misa en honor
del feliz acontecimiento. Rememorando lo que un día
el Santo de los humildes hizo con el Santo Niño.
"Niño
precioso y hermano, si no os sirven mis alpargatas, servíos
de mis hombros, que más justo será lleve en
ellos, lo que a Dios tanto costó, que libros que tan
poco valen"
(4).
Fuentes:
1.
La nota necrológica se refiere al tiempo que nuestro
personaje pasó en la Orden de San Juan de Dios. Datos
y fotos procedentes del Archivo Curia Provincial Bética.
Facilitados a este espacio, el 15 de abril de 2003, por gentileza
del Hermano José Ramón Pérez.
2 y 3.
BENAVIDES VÁZQUEZ, FRANCISCO. La Ermita del Niño
Jesús de Gaucín. Un proyecto difusor de la devoción
a San Juan de Dios. VII Congreso de Folclore Andaluz. Edita
ACOFA-ANDALUCIA. Jaén año 2000.
4.
Literal del escrito de Ubaldo de Molina Fernández,
en 1919.
5.
Foto: La ermita. Tomada de Gaucinet.com.
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