Don Juan Valera y Alcalá Galiano (nota de la web)

Don Juan Valera y Alcalá Galiano, nació en el seno de una familia aristocrática venida a menos, el 18 de Octubre de 1824, en Cabra (Córdoba). Se formó concienzudamente en filosofía y humanidades en el seminario de Málaga y en el Colegio Sacromonte de Granada, donde inició sus estudios en Leyes. Concluyendo esta formación universitaria en Madrid. Por motivos familiares se inició en la carrera militar, ejerciendo la abogacía y posteriormente se inicia en la carrera diplomática a las ordenes del Duque de Rivas. Embajador en Nápoles, dedica su tiempo libre al estudio del griego. Fue también diplomático en Rusia, Portugal Estados Unidos, Brasil, Bélgica y Austria.

Durante el periodo previo a su carrera diplomática, produjo multitud de ensayos, artículos periodísticos y crítica literaria. En los primeros años de la década de los sesenta fue llamado a ocupar un sillón en la Real Academia de las Letras, figurando desde entonces como figura clave del realismo español. Su aportación a la literatura lo aportó principalmente bajo el género novelístico, con obras como Pepita Jiménez, Las ilusiones del doctor Faustino, Doña Luz, y Juanita la larga.

En política formó parte en las filas del partido liberal, por cuya representación ocupo por dos veces el parlamento. Abandonándolo definitivamente a la llegada de la república. Sus ideas políticas las plasmó en defensa de la unidad de Italia frente a los que defendían el poder temporal del Papa. Apoyó la corona en la persona de Amadeo de Saboya, a quién, con otros personajes de la vida política española, le ofreció el trono de España.
En 1884 abandona la carrera diplomática y se retira a Madrid donde ejerce con mayor entusiasmo su afición por la escritura. Sus últimos años de vida, casi ciego y apartado de la vida pública, los comparte con un grupo de amigos con los que mantiene encendidas charlas que le hacen más llevadera la soledad en que cae el insigne novelista. Murió en Madrid en 1905.

Perfil de D. Juan Valera (Por Francisco Cañamaque)

Prosista inimitable, académico de gran erudición, crítico sin ideas fijas, filósofo escéptico, político que no sirve, orador de mucha sal, profundo ingenio y forma correctísima.
Don Juan Valera escribió Pepita Jiménez, da el tono a la novela contemporánea: haciendo política métese en libros de caballería que no armoniza con sus aptitudes de crítico y literato.
Es tan hábil y afortunado político como Moreno Nieto. Los dos saben muchísimo más que casi todos los que han sido ministros, y ninguno de ellos ha pasado de director de Instrucción pública. No les da el naipe por la política.
Valera sostiene hoy lo mismo que niega mañana nada más que por llevar la contra. Es la contradicción en figura de cordobés. Pero lo hace también, con frase tan pura y castiza, con ingenio tan sutil, con sal ática tan irreprochable, que nadie le excede, ni siquiera le iguala.
Lo más venerable cae triturado a los golpes de su crítica incompasiva, irrespetuosa, demoledora.
Una noche dijo en el Ateneo en medio de la risa de auditorio, que el Cid no fue, después de todo, más que un caballero particular que anduvo por estos mundos de Dios buscando lanza en ristre príncipes con quienes casar a sus hijas.
Como religioso parece engendrado en el molde de Voltaire.
Como político en teniendo un distrito no se acuerda de nada más, ni aún de los electores.
Como hombre de principios algunos le llaman el socialista de corbata blanca por el discurso que pronunció en 1871 combatiendo la Internacional, pues resultó que en lugar de combatirla casi habíala defendido.
Como prosista es el primero, el más eminente de nuestro tiempo.