D. Fernando Garrido Tortosa

Teodoro de Molina de Molina

D. Fernando Garrido Tortosa nació en Cartagena en el año de 1821 y murió en Córdoba en 1883.
Fue un revolucionario de su tiempo, el convulsivo siglo XIX. Defensor de las ideas del socialismo y considerado el introductor del movimiento cooperativista en España. A causa de sus ideas y de sus textos propagandísticos, vivió varios destierros en los que contactó con los grandes teóricos europeos de la revolución. La pintura fue otra de sus grandes aficiones.
Garrido Tortosa fue Diputado a Cortes en la 1ª República, por Cádiz y Sevilla, y propició los primeros pasos del movimiento cooperativista en España y nuestra comunidad. Está considerado como el introductor del cooperativismo rochdaliano, cuyas ideas le impactaron en uno de sus retiros por Inglaterra.

El traslado de su familia a Cádiz le llevó a desarrollar sus primeros años de vida en esta ciudad tan ligada a la libertad. Allí se dedicó a lo que sería una de sus grandes aficiones, la pintura, pero pronto se introduciría en el mundo de las letras, que a lo largo de su vida le dio grandes satisfacciones y grandes disgustos, por sus problemas con el poder establecido.

Las ideas socialistas y cooperativistas impregnaron toda su obra, tanto periodística como propagandística.
El conocimiento de grandes teóricos como Fourier o Proudhon, o su relación de amistad con republicanos españoles como Sixto Cámara marcaron su destino.

A lo largo de su vida estuvo desterrado en Londres en dos ocasiones, en París y en Portugal, aunque del país lusitano también fue expulsado por sus ideas revolucionarias. Las constantes publicaciones de folletos propagandísticos en defensa de las ideas socialistas le llevaron también en dos ocasiones a la cárcel.
El periodo más fructífero para Fernando Garrido Tortosa fue el de la 1ª República, donde sus escritos no eran censurados y sus ideas se podían expresar libremente.

En estos años fue Diputado en las Cortes por Cádiz (1869) y por Sevilla (1872) y fue nombrado intendente General de Filipinas. En sus últimos años, tras el fracaso de la 1ª República, volvió a su primera afición, la pintura.
Entre sus obras destacan: Espartero y la Revolución, El Socialismo y la Democracia ante sus adversarios, Historia de las asociaciones obreras en Europa, Historia de las Clases Trabajadoras I, Historia de las Clases Trabajadoras II. El siervo, Historia de las Clases Trabajadoras III. El proletario, Historia de las Clases Trabajadoras IV. El Trabajador Asociado.

ACTUALIDAD. (Nota de la web).- En estos momentos que repasamos el contenido de lo manifestado por D. Fernando Garrido, nos vemos sorprendido con un brutal hecho acaecido en New York, donde un acto terrorista hace estallar dos aviones contra las Torres Gemelas de la capital neoyorquina. Quizás este acto brutal tenga alguna correspondencia con las manifestaciones que D. Francisco pronunció allá por el año 1869, dándole a sus palabras una actualidad no pretendidas por él)

Perfil de Fernando Garrido Tortosa (Por CAÑAMAQUE)
Uno de los socialistas mas ilustrados y funestos de España. Por lo mismo que sabe y tiene una palabra popular y elocuente, es peligrosísimo. Por un quítame allá esas pajas promueve un motín, pone en conflicto a un Gobierno.

Su palabra es apasionada, áspera, cruda; su voz, recia varonil; sus ademanes, resueltos, poco parlamentarios; su figura parece la de un apóstol que cojea. También es de los que en un instante producen una tempestad en el Congreso.

No es correcto, y mucho menos puro ni castizo; pero es fácil. Oídle. Pedía en el 69 la supresión del presupuesto del clero como una consecuencia de la libertad de cultos, y añadía:
" Imaginaos, señores, que fuera a la inversa, y que a vosotros, los católicos, los que lo seáis, se os obligara a mantener la Iglesia de Moisés ó de Lutero: ¿no os indignaría, no sublevaría vuestra conciencia el ver que además de pagar vuestra Iglesia teníais la Iglesia del otro culto, la que creíais que conducía a la perdición de las almas, la que reprobáis, la que creíais que era la perdición de la humanidad?. Pues bien: vosotros si sois católicos, debéis poneros en el mismo punto de vista, debéis mirar bajo el mismo aspecto la cuestión para los que no profesen la religión católica. Es un acto de equidad y de justicia: nosotros estamos aquí para realizar la justicia, y no para servir intereses de partidos y mucho menos de clérigos; nosotros no debemos hacer una transacción con mengua de la justicia y a favor de los intereses del momento; porque creamos que el clero tiene todavía influencias en ciertas provincias, no debemos los liberales dejar de atacarle de frente en sus privilegios.

No haciéndose así nos condenamos además a sufrir otras consecuencias, nos condenamos a las consecuencias de una nueva revolución: cuando la justicia no se realiza por aquellos a quienes los pueblos han dado el encargo de realizarla, sucede que los encargados del poder se desacreditan y pierden todo su prestigio, y los pueblos concluyen por decir: - << no es para esto para lo que os hemos mandado, que era para establecer y consolidar la justicia, y por lo tanto nosotros recurriremos a otros medios. >> ¿Y qué es lo que sucede en los casos en donde la justicia no se ha establecido, en que la igualdad no ha existido para todos, y en que la libertad no ha sido la norma general a que se han sujetado pueblos y gobiernos? Que han venido hechos terribles y deplorables, como los que han tenido lugar en España contra los inquisidores y la Inquisición, echando abajo a viva fuerza aquella odiosa tiranía, y contra las instituciones monásticas, asesinando a los frailes e incendiando los conventos.
Y esto que ha pasado en España, ha pasado en todas partes, porque si son temibles e inevitables los excesos de los enemigos del progreso cuando recurren a la fuerza y provocan la guerra civil para salvar sus privilegios, son también inevitables los excesos y luchas cuando no se establecen principios justos y de igualdad entre los ciudadanos, terribles revoluciones que vengan a castigar las grandes iniquidades, las grandes maldades cometidas durante siglos, y que no supieron reparar a tiempo los que estaban, como nosotros hoy, encargado de ello."

Su fuerte son los curas, contra los cuales ha publicado libros con estadísticas muy curiosas.
Un Gobierno que se estime en algo no debe, en época de libertad, perder de vista a Garrido.
Es agitador temible.