D. Francisco Romero Robledo (nota de la web)

Nació en Antequera (1838). Elegido diputado por su ciudad natal cuando solo tenía 24 años, ocupó escaños por uno, otro, y cualquier partido político, pues estuvo en todos. Sus planteamientos políticos le daban para todo, llegando a militar en un partido de la izquierda dinástica, el Partido Liberal Reformista.
Estuvo con Sagasta. Con Cánovas dirigió el Partido Conservador. Asimismo dirigió el partido del marbellí López Domínguez. Fue conservador, liberal republicano, monárquico, antiliberal, volvió a ser conservador en el partido de Silvela, a pesar de la oposición de éste. En definitiva, todo un personaje de la política. Lo que hoy denominaríamos un todo terreno.

Como gobernante ocupó todo tipo de cargos, desde subsecretario con Sagasta, varias veces ministro, presidente del Congreso. Destacando especialmente en el Ministerio de Gobernación y en el de Ultramar, donde llevó a cabo varias reformas, de contenido económico y administrativo en Cuba. Murió en Madrid en 1906.


Perfil de Romero Robledo (Por Francisco Cañamaque)

El Gran Elector de la restauración, el príncipe de los pollos, el más indómito de los gallos, el general de los húsares, la pesadilla de Silvela menor y Bugallal.
El político que tiene más amigos personales. El único que se atreve con Cánovas.
No es un gran orador; solo tiene gracia, facilidad, recursos. Más práctico que teórico, pocos hay que manejen tan bien como él una mayoría haciéndola votar que quiera que no quiera. En Gobernación ha dado pruebas de ser habilísimo contentando a moderados, unionistas y constitucionales disidentes, sosteniendo así la unidad del partido mientras convenía a sus intereses de lugar-teniente de Cánovas.
Como voluble no hay por donde cogerle; como travieso da quince en raya al que lo sea más.
En cinco minutos promueve una crisis, hace saltar a un ministro y lleva el desorden a todas partes.
Su palabra es atrozmente incorrecta.
Dotado de simpática figura, con su charla andaluza y su carácter cariñoso y expansivo consigue tener grandes amigos a poco de abrirse un Congreso. Para Cánovas hay admiradores; para Romero Robledo apasionados que derramarían por él <<hasta la última gota de su sangre>>, como me decía exagerando su gratitud un gobernador húsar no hace mucho tiempo. Es hombre que se juega la cartera por un amigo.
Afirman algunos que no tiene talento.
Su historia, sus actos, la importancia que ha sabido conquistarse, arguyen que lo tiene. Dígase que carece de estudios políticos y literatos, y esa será la verdad. Pero no hay que negarle talento ni ingenio.
Romero Robledo es de los que no abandonan la risa ni un instante.
Debe ser de los que se ríen hasta de su sombra.