D. Vicente Manterola (Nota de la web)

Vicente Manterola nació en San Sebastián en 1833. Se educó en el seminario y enfocó su carrera como eclesiástico de la diócesis de Vitoria. Murió en 1891, en Alba de Tormes, en el Colegio de los Padres Carmelitas, cuando cayó enfermo mientras predicaba en el púlpito.

Diputado por Guipúzcoa en las Cortes Constituyentes de 1869, destacó por su oposición a la libertad religiosa la carta constitucional recogía. Formalizada la libertad de culto en España dimitió del Congreso y se dedicó a propagar las ideas carlistas, organizando una Junta Carlista en San Juan de Luz (1870). Acompañó al pretendiente Carlos VII en su entrada a España y participó en misiones diplomáticas durante la III guerra carlista.
Fue exiliado e indultado posteriormente. A su vuelta a España se ubicó en Toledo, donde consiguió una canonjía. Escribió obras de contenido político-carlista como "Don Carlos o el petróleo".

Perfil de Manterola (Por Francisco Cañamaque)

Iba a librarse ruidosa y formidable batalla: la intransigencia contra la libertad, ayer contra hoy, el catolicismo contra el progreso. Todos la esperaban, nadie la sentía. El choque, sin embargo, debía ser terrible. Eran muchos siglos contra la audacia de uno contra los agravios de todos. Los combatientes estaban dispuestos: de un lado Cánovas, Monescillo, Cuesta, Manterola; de otro Ríos Rosas, Mata, Castelar, Becerra, Montero Ríos, Echegaray.
¡Qué hermoso espectáculo! España iba a decir el por qué de su rompimiento con la tradición, el motivo de su divorcio con la intolerancia, el derecho de conservar libres las ideas de su pensamiento y las preces de su conciencia.
Se presenta pidiendo plaza en nombre de la unidad católica un joven fuerte, vigoroso, de aire profano y atrevido. Viste el traje de la Iglesia, es sacerdote. Tiene los ojos negros y vivos, la tez morena, la boca grande, arqueadas las cejas, rapada como un quinto la cabeza. El todo de su fisonomía es varonil, pronunciado enérgico. Más que la de un sacerdote parece su cara la de un seglar animoso y fuerte. Preguntémosle como se llama: dice que es canónigo y que se llama Vicente Manterola.
En efecto, él es: teólogo, periodista, orador católico intransigente, político apasionado, enemigo irreconciliable, carlista en el llano y en la montaña, hombre instruido y de talento en todas partes.
Mirad como empezó, qué elocuentemente:
<< Yo, señores diputados, que vengo a decir la verdad, toda la verdad; yo, que os debo toda la lealtad de mi alma, no puedo menos de afirmar que he oído con el corazón profundamente lastimado, no lastimado tan solo, con el corazón destrozado con el corazón hecho pedazos y manando sangre, los cargos tremendos que se han dirigido a la Iglesia católica, cargos injustos, cargos gratuitos, cargos infundados. Debo, pues, señores, ante todo, vindicar a la Iglesia católica, para quién es toda la sangre de mis venas, todos los latidos de mi corazón, toda la energía de mi espíritu, todo mi ser, todo mi yo; y después descendiendo a los señores de la comisión, tratares de estudiar su obra partiendo de mi criterio católico; y estudiando su obra desde mi punto de vista católico, me permitiré decir que ese proyecto no me parece pueda satisfacer las necesidades imperiosas, las aspiraciones más legítimas del pueblo español, porque me parece que ese proyecto es mezquino, y vosotros sabéis que es grande y fue siempre grande el pueblo español. Ese proyecto no es bastante católico, y el pueblo español… ¡oh! El pueblo español es el pueblo más católico del mundo>>.
Este periodo, dicho con palabra fácil y desenvuelta, con calor y entusiasmo, terciado el manteo y en movimiento las manos, es un periodo que basta para acreditar a un orador. Demostró, pues, en tan breves palabras que sabía hablar; pero demostró también que, de naturaleza ardiente, sabía herir. ¿No es impropio en cualquiera, en un sacerdote altamente censurable, llamar mezquina a la obra de unas Cortes? Este fue el primer arañazo de sus garras, la primera manifestación de su apasionamiento. Ríos Rosas, que era uno de los autores de aquella mezquindad , a punto estuvo de tirarle el bastón y detrás del bastón el sombrero; pero se contuvo, reprimió un rugido y calló.
Desde sus primeros disparos Manterola no cesa de aludir acautelar; quiere medir su brillante palabra con la inimitable del gran tribuno. Defiende al catolicismo del cargo justísimo de enemigo de la libertad y de la ciencia, y sin recurrir más que a su buena memoria, afirma en los siguientes términos que la creación de los grandes centros del saber humano es obra de los Papas.
<< ¿Dónde estaba el protestantismos, señores diputados, cuando ya en el año 895 se fundaba la Universidad de Oxford? ¿Dónde estaba cuando se fundaron las Universidades de Cambridge el año 915, la de Pádua en 1179, la de Salamanca en 1200, la de Aberdeen en 1213, la de Viena en 1237, la de Montpellier en 1289, la de Coimbra en 1290? …
<< ¿Os fatigo, señores diputados? Es que las grandezas de la Iglesia católica abruman bajo su peso a todos los que las consideran……