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"Avisos" del Padre Sanchez
Cañamaque
escribe "Las Islas Filipinas" proponiendo recetas que,
a su criterio, mejorarían las relaciones existentes en ese
momento entre la colonia y la metrópolis. Para ello se informa
convenientemente y como consecuencia se encuentra con un documento
del P. J. Alonso Sánchez, expuesto al final de su obra, que
utiliza como argumento y apoyo de sus tesis. Lo primero que hace
Cañamaque es presentar al Padre Sánchez y decirnos
que ya en el año de 1583 existió un sacerdote que
dijo las mismas cosas de Filipinas que él proponía
en ese año de 1880. En la presentación del escrito
Cañamaque hace notar que aunque sea un miembro del clero,
no es extraño que apadrine el trabajo político de
la obra del Padre Jesuita, ya que está de acuerdo casi con
todo el contenido expuesto.
El texto, que exponemos a continuación, es copia literal
de lo escrito por Cañamaque, quien a su vez trascribe literalmente
lo expuesto por el Padre Sánchez. Consta de tres partes:
A) donde Cañamaque presenta al Padre Sánchez
B) apadrinamiento del escrito y de su autor
C) el texto mismo: "AVISOS" de Alonso Sánchez
A) Alonso Sánchez era natural de Mondéjar (Guadalajara).
Fue uno de los primeros jesuitas que pasaron a la conquista espiritual
de Filipinas desde Méjico (1581). Recibió el encargo
de ir a Macao a recabar el reconocimiento del Rey Felipe II, que
acababa de unir a su corona la de Portugal. Macao era cabeza de
la India oriental portuguesa. El P. Alonso Sánchez consiguió
su objeto, por lo cual no tuvo reparo en hacer después el
mismo viaje (1583).
El
28 de Junio de 1586 se embarcó para España comisionado,
muy contra su voluntad, por las autoridades de Filipinas para exponer
al Rey el estado de aquellas posesiones y los medios de mejorarlas.
También tenía el encargo de pasar a Roma para representar
a Su Santidad sobre los negocios espirituales. Hizo el viaje por
Méjico, llego a España y vio al Rey, quien nombró
una comisión (junta se llamaba entonces) que examinase las
representaciones, memoriales, etc., que traía el Padre Sánchez,
a quién oyó la junta. Entonces fue cuando elegido
gobernador Gómez Pérez Dasmariñas, le dio los
discretos Avisos
que copiamos.
En 1588 fue a Roma para cumplir la parte segunda de su embajada.
Allí tuvo largas y frecuentes entrevistas con el Cardenal
Aquaviva, general de la Compañía de Jesús,
con los Cardenales y con el mismo Gregorio XIV. Hay testimonios
del Papa honrosos para este jesuita alcarreño. Otro Papa,
Inocencio IX, le denominaba, con grandes elogios, embajador del
estado eclesiástico y secular de Filipinas. Había
entonces grandes dudas sobre si debía establecerse la Compañía
en las Islas. Aquaviva encargó del dictamen al Padre Sánchez,
quién lo dio, naturalmente, afirmativo, y en su virtud se
erigió la Casa de Manila en colegio. Volvió a España
con encargos importantísimos de Roma, en cuya virtud se celebro
la 5ª Congregación.
Murió en Alcalá el 27 de Mayo de 1593. No hay ninguna
obra suya impresa; pero se tiene noticia de multitud de escritos,
memoriales e informes sobre las cosas de Indias. Su parecer y opiniones
hicieron algún daño a las pretensiones del célebre
protector de los indios Fray Bartolomé de las Casas.
B) Extrañará a muchos que yo, que he traducido Las
Provinciales de Pascal y puéstoles un Prologo que algunos
en su día calificaron de muy vivo, apadrine hoy en esta obra
el trabajo político de un jesuita y me muestre conforme con
casi todas las conclusiones y advertencias que contiene. Léanlo
despacio, sin amor y sin odio, las personas imparciales, y mucho
me equivoco si no me dan desde luego la razón. Es esto, en
mi sentir, una prueba de imparcialidad a la que viene obligado todo
escritor de rectos propósitos. Censurar por sistema arguye,
cuando menos, supina ignorancia; dejarse llevar a sabiendas por
la pasión, insigne mala fe. No quiero engañar ni engañarme,
sobre creer firmemente que la verdad debe ser ante todo el móvil
único de los que al acierto se dirige. Pretendía yo
decir algo respecto a la conducta que las altas autoridades de Filipinas
deben seguir en el empeño de sus funciones en aquel pueblo
por tantos motivos singular, y estimo como de perlas el feliz hallazgo
de los Avisos
del P. Alonso Sánchez que va a conocer el lector. Superiores
dichos Avisos a cuanto por mi mismo pudiera yo decir, y aún
a lo que otros autores han dicho, no he vacilado en acogerlos y
enviarlos a la imprenta para que formen como el termino y remate
de este libro, cuyo fin principal es ilustrar la opinión
de los españoles peninsulares acerca de todo lo que a Filipinas
hace preferencia. ¿Incurro en flagrante contradicción?
¿Dirá por ventura, algún crítico avinagrado
e inflexible que el privilegio por mi concedido a los Avisos del
P. Alonso Sánchez significa un cambio en mis opiniones? ¿Se
estimará, por el contrario, en lo que vale este testimonio
de querer buscar lo nuevo y lo útil cualesquiera que sean
sus autores?... Por ahora limítome a exponer que sigo siendo
el mismo, esto es, que no me arrepiento de haber traducido Las Provinciales
y que soy adversario de las doctrinas y los procedimientos de los
continuadores de Ignacio de Loyola. Empero como esto no excluye
que los célebres casuistas hayan hecho o dicho algo aceptable,
tampoco me acusaré jamás de la recomendación
que dirigió a los Capitanes generales de Filipinas de que
sigan, poco menos que al pie de la letra, los Avisos del jesuita
alcarreño; Avisos tan acertados, que con peinar las canas
de tres siglos parecen estar escritos para nuestros días
y nuestros hombres. Y no insisto más. Perdonen los lectores
que no estén acostumbrados al estilo del siglo XVI, si los
Avisos van tal y como de la pluma del Padre Sánchez salieron.
El saborcillo de época que tienen es uno de sus méritos
más singulares, y fuera herejía literaria atentar
contra la integridad de su seca y avellanada fisonomía. Achaque
disculpable en un aprendiz de bibliófilo.
C) AVISOS, que dirigió el Padre Sánchez, de la Compañía,
al Sr. Gómez Pérez Dasmariña, elegido Gobernador
de Filipinas. Desde su llegada a Manila en 1577, los franciscanos
construyeron diferentes iglesias de caña y nipa primero y
de madera después, que sucumbieron ante las catástrofes
naturales. En 1739 construyen el convento e iglesia de piedra que
fue financiado por la caridad pública y llegó a ser
uno de los más ricos de Intramuros
<<Las cosas que se me ofrecen, debe Vuesaseñoría
ser servido de advertir, son las siguientes, sacadas más
de la experiencia de lo particular de aquel Gobierno, que de las
reglas generales de este menester, de que hay muchas en los autores
de políticas y historias, donde Vuesaseñoría,
como tan discreto, sabrá tomar lo que le conviniere.
<<No cargar de familia, criados, ni camaradas, porque llegados
que son a Manila es de gran embarazo, y aún estorbo para
el Gobierno, la obligación en que el Gobernador se halla
de adelantarlos, y suele dar no poco que sufrir: uno de los antecesores
de Vuesadeñoría, que fue muy cargado de este genero,
murió allá de afligido; y al revés otro, que
se descargó en México de obligaciones, estuvo en su
gobierno bien hallado y quisto.
<<Forzoso es que quién va a gobernar a Filipinas, procure
pase con él mucha gente, y particularmente algunos soldados
de suerte, y bien nacidos, porque de estos se pueble aquella ciudad
y conserve la república; más el Gobernador no conviene
se haga cargo dellos por el inconveniente dicho, sino que pasen
acomodados en las plazas de capitanes, alféreces y otros
oficios de la gente de guerra que siempre los Gobernadores llevan
socorro. Y para esto es menester en México saber granjear
al Virrey, y dexarle muy gustoso, y conservarle así todo
el tiempo del gobierno, porque depende totalmente el de Filipinas
de los socorros de la Nueva España, que siempre serán
mexores si los Virreyes están gratos.
<<Asimismo es necesario ahorrar Vuesaseñoría
desde que saliere desa Corte de fausto y aparato, que le obligue
a gastos crecidos, porque el camino es largo y de un año,
por varias tierras y mares, y si el gasto no es muy ceñido,
llegará el Gobernador a Manila tan gravado de deudas, que
en mucho tiempo no se vea libre dellas; y para salir desta carga,
podría ser querer valerse de la mercancía y trato
u otras industrias prohibidas, con que pierde el Gobernador el crédito
que ha menester de limpio y desinteresado.
<<Llegado que sea Vuesaseñoría con el favor
de Dios a su Gobierno, debe poner los ojos más en el fin
y remate del, que sea honroso y a satisfacción del Rey y
gusto de Vuesaseñoría y de sus cosas; que no en los
principios huecos que al cabo no producen nada, o si producen son
espinas y por eso el Espíritu-Santo dice: "que el ir
a sembrar, ha de ser llorando y sin ruido, para que la vuelta sea
cantando y con muchos manojos". Y así, por amor de Nuestro
Señor y de mí (pues me debe algo Vuesaseñoría)
se disimule, y vaya y entre en el gobierno a la callada y sin fausto
ni novedades. Y no dé muestras luego de quererlo mudar todo.<<Antes
si algo de lo que halla entablado le pareciere mal, lo dexe correr
así por algún tiempo, y al descuido ir notando lo
que pide remedio, y a su tiempo, que será después
de tomado bien el pulso a la tierra por algunos meses (y aún
año o años si fuese necessario) ponerle, que con este
tiempo verá Vuesaseñoría primero lo bueno y
lo malo, y sabrá comparar lo uno y lo otro y escoger lo mexor,
y excusará el que le tengan por arrojado, ni ligero, barranco
de que por maravilla se escapa ningún Juez superior.
<<La llaneza y afabilidad y urbanidad del que gobierna con
sus súbditos, roba mucho los corazones, y es una gran industria
para irlos penetrando, y descubrir el fondo de cada uno; pero esta
llaneza y afabilidad ha de ser con tal temple y moderación,
que no desdiga de la autoridad del puesto, de suerte que nunca se
dexe despreciar de nadie, y si para mantenerse con esta autoridad
fuere menester usar de algún género de reprensión,
sea más con la mesura y composición del semblante,
que con desdenes ni otros ademanes poco considerados, que agravan
y enconan mucho las cosas: y si eso no bastase y fuese menester
usar de otra demostración o castigo mayor, sea con mucha
dureza y después de muy considerado y tentado. También
es muy necesario a los principios oír de tal manera a todos
y recibir sus ofrecimientos y avisos, que no se pegue más
a unos que a otros de suerte que no se le conozca favorecido a quién
se arrime, y menos se sujete a quien le lleve por donde quisiere.
Porque estas prendas de valor o amistad, que se meten al principio
del gobierno, cuando uno no conoce bien ni tiene la experiencia
necesaria para las personas, suelen ser causa después de
muchos inconvenientes, y quitan al Gobernador el desahogo y libertad
de que ha de menester para hacer el servicio de Dios y el Rey.
<<Si llevae Vuesaseñoría de acá comisión
para visitar o tomar residencia a su antecesor, u otros ministros
mayores , sea con blanco de cumplir primeramente con la conciencia,
y dar satisfacción al común y alos particulares agraviados,
en lo que hubiere lugar; pero por otra parte procure proceder sin
rastro de pasión, ni aún de imperio, apartándose
del inconveniente en que dan algunos Visitadores o Jueces de residencia,
que es granjear el nombre de justicieros, extremándose con
los antecesores, o iguales en el puesto. Los efectos que obrare
la justicia y rectitud, entiendan las partes que es forzado della,
y no por otro motivo; que demás que esto es conforme a la
voluntad de Dios, es también gran prudencia para no cobrar
Vuesaseñoría enemigos, que después en México
o en España le hagan la guerra. Y torno a advertir a Vuesaseñoría,
que ni disimule cosa contra la conciencia y obligación de
Juez, ni envíe a ningún personaje de estos desabridos
que se puede hacer justicia usando con ellos de mucha urbanidad
y cortesía, y dándoles a entender que lo que se hace
o hubiere hecho ha sido forzado por la obligación del oficio.
<<Con los propios vecinos y moradores de Manila y sus islas
guarde también Vuesaseñoría esta regla en su
tanto en todo el discurso de su gobierno, que es regla de la Divina
Sabiduría que dispone las cosas de cabo a cabo, por una parte
con mucha eficacia y por otra con suma dulzura y suavidad.
<<Advierta Vuesaseñoría que va a una tierra
y agobernar una gente, que dista cinco mil leguas del Rey y del
Papa, causa de que algunos se quieran tomar más mano de lo
que deberían, y quieran parecer más señores
de lo que pide su calidad y grado, y que e s menester gran maña
para no cobrar enemigos u opuestos, que todo se lo contradigan y
adicinen, o dar en el otro extremo de acobardarse, y condescender
demasiado contra la autoridad y obligaciones del oficio y aún
reputación y conciencia.
<<Para remedio desta y otras dificultades de aquel gobierno:
<<Lo primero es olgar mucho de Dios, y tener algunos ratos
de retiramiento para encomendarle las cosas y considerarlas; pues
David con mayores ocupaciones lo hacía, y la prudencia dicta
que se tome tiempo para rumiar las determinaciones y ejecuciones
y no caminar a bulto en ellas. Segundo tener buenos consejeros,
y oírles, aún a todos, y fiarse de pocos.
<<Con el Obispo, vaya Vuesaseñoría prevenido
que ha de tragar mucho, no por la persona, que es un santo, sino
por el concurso de los oficios, que luego hay encuentros y notas
sobre las cortesías, las provisiones, los dependientes y
encomenderos y sobre la jurisdicción. Ruego a Vuesaseñoría
mucho quiebre algo de sí por la paz; pero de manera que no
perda de su autoridad, de suerte que si cede en algo, se dando a
entender que es por amor a la paz, y reverencia a la Iglesia; y
que cuando convenga sabrá tomarlo. El tener Vuesaseñoría
al Obispado por amigo le estará bien, y mal lo contrario,
por la libertad que a veces ocasiona la dignidad en censurar de
palabra y por escrito. El presente es, como he dicho, un santo,
y le granjeará Vuesaseñoría fácilmente,
dándole cuenta de algunas cosas, particularmente concernientes
al estado eclesiástico, aunque alias no fuese menester, para
que él entienda se hace caso de su persona y consejo.
<<Con los religiosos y clérigos procure Vuesaseñoría
mucho el tenerlos ganado con
las demostraciones de respeto y veneración que pide su estado;
y es bien que vean los seculares españoles y indios para
que con el ejemplo del Gobernador los honren y estimen. Pero también
con estos se necesita de m tiento en no darles mucha entrada, y
conocer bien primero los sujetos, porque hay de todo, y casi ninguno
deja de tener particulares dependencias.
<<A quién Vuesaseñoría ha de favorecer
mucho es a los ministros y gente de sueldo, así de guerra
como de mar, por lo mucho que se necesita de ellos, y los grandes
trabajos y necesidades que pasan comúnmente, que se alivian
con el buen trato y despacho del Gobernador, con cuyo favor acuden
alegremente a lo que se les manda, sin que por afabilidad con sus
soldados pierdan los Capitanes generales nada de su autoridad, pues
si son soldados y están en esa opinión, ya se sabe
que han de castigar sin dispensación cualquier falta contra
la disciplina militar.
<<Sobre todo, mire Vuesaseñoría que la razón
principal por que Dios y el Rey le envían a aquel gobierno,
son los indios; y que caerán sobre su alma de Vuesaseñoría
los agravios que recibieren en su tiempo de cualquiera persona sus
súbditos.
Y para que Vuesaseñoría esté advertido, y se
lo encargue mucho, diré aquí los estados de las personas
de quién comúnmente suele ser agraviados. <<Los
Alcaldes mayores y Corregidores y sus tenientes, Escribanos, Alguaciles
y otros ministros de justicia, así en los derechos de los
pleitos, como en la cobranza de lo que les contribuyen de sustento,
que muchas veces lo toman a menosprecio, y o mal o nunca pagan,
y los ocupan en su servicio y hacienda. <<Los encomenderos
y sus cobradores, por los engaños que suele haber en la misma
cobranza y en las provisiones para su sustentos, a vuelta de las
cuales les cargan otras muchas cosas. Y sin esto el contrato y mercancía,
que con grandes ventajas suyas con todos quieren entablar.
<<Los soldados o marineros que van a la saca de las personas
para los servicios personales, y de los géneros para los
reales almacenes; y en una palabra, de cualesquiera españoles,
aún los mismos eclesiásticos y Ministros de doctrina,
que a veces por la pobreza en que se hallan, o por deseo de acomodar
iglesias y habitación, y hacer huertas y sementeras, se pasa
algo de la raya, y hacen agravio a los indios. <<Y así
mismo a los Fiscales y oficiales del Juzgado eclesiásticos;
y aunque esto toca al Obispo, es necesario que Vuesaseñoría
esté a la mira. Los mismos Protectores y Sota-Protectores,
que se les señalan, no se a veces como cumplen con la obligación
de su oficio. Hasta dellos mismos es menester defenderlos, porque
los principales cabezas y Gobernadores hacen muchos agravios al
pueblo de su propia nación.
<<Los chinos y otros infieles que vienen de otros reinos,
y con ocasión de la mercancía se entremeten con los
indios, y fuera de los daños temporales y engaños,
les pegan sus malas costumbres y embustes gentílicos. De
todas estas raíces y suerte de personas se originan muchas
suertes de agravios para los pobres indios, y por consiguiente muchos
peligros de conciencia para el alma de Vuesaseñoríoa;
pues como he dicho, a esto principalmente le envía S.M. que
Dios guarde.
<<Las cosas de la guerra Vuesaseñoría las tiene
tan entendidas como yo poca practicadas, y así escuso el
hablar en ellas. Solo digo que la guerra de los indios y otros enemigos
de la tierra, es muy diferente de la de Europa, por lo cual es menester
echar mano de cabos versados en ella; y que la guerra de mar es
la que principalmente corre en Filipinas. Y así la prevención
continua de bajeles, pertrechos y artillería, es lo que ha
de tener desvelado a un Gobernador de Filipinas; y que los aprestos
de las naos de la carrera de Nueva España, en la que llevan
los socorros, sea muy con tiempo y con los mejores cabos y pilotos
que ser pudiere, que en Manila el alivio del Gobernador y toda la
república está en que los socorros no falten, antes
lleguen temprano.>>
Notas Bibliográficas:
Recopilado por Teodoro de Molina
de Molina
1.Es
copia del texto original (Labor Evangélica, misterios apostólicos
de los obreros de la Compañía de Jesús, fundación
y progresos de su provincia en las Islas Filipinas.- Por el Padre
Francisco Colin.- Madrid, Imprenta de José Fernández
García. 1663. En fólio).
2.CAÑAMAQUE JIMENEZ
Francisco. Las Islas Filipinas (De Todo Un Poco). Madrid.1880. ILUSTRACIONES:
www.cedex.es
www.gaucin.tv
2003
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